27 junio 2024

La mirada hacia el futuro del fútbol devuelve la imagen misma del abismo

"Agregar leyenda", dice acá. Ya tenés dos en la foto, ¿cuántas más querés?

El argentino futbolero mayor de 50 años es un privilegiado. La vida le ofreció todo el arco narrativo dramático deportivo de Diego Armando Maradona y, tras una pausa comercial de menos de diez años, si conservó algo de su capacidad cognitiva, pudo ser testigo del arco narrativo dramático deportivo de Lionel Messi.

Este último además estuvo condimentado por una rivalidad perfecta, de opuestos complementarios disputándose la cima del mundo. Nuestro niño argentino, héroe de barrio, tímido y de bajo carisma contra la máquina deportiva europea, pura potencia, precisión, gimnasio y tecnología. El talento natural contra el portento construido, con la fuerza de un imperio detrás. Esta historia ya se contó mil veces. Si vieron Rocky IV, los últimos veinte años de fútbol europeo fueron como un déjà vu.

Ahora los dos héroes se entregan a una vida menos competitiva, pero aún en este semi retiro, cada uno sigue el guión de su leyenda. Cristiano Ronaldo mastica récords individuales y acumula petrodólares en Arabia Saudita, mientras Messi privilegia el bienestar de su familia jugando por el salario mínimo en el humilde Inter Miami, de Miami. 

Entre tanto, en Europa, donde se deciden estos asuntos, se evalúa a los candidatos al trono del fútbol mundial. La mirada de los titiriteros se pasea por los campos de juego buscando a la nueva estrella, la próxima máquina de vender camisetas, entradas y derechos de transmisión. Por costumbre y ante la duda, la buscan primero en Brasil. Para el empresariado deportivo, el brasileño es habilidoso, simpático, dócil, carismático y sudamericano, es decir, barato.

Neymar se perfilaba para el puesto, pero tuvo varios obstáculos: además de una proverbial afición por la joda, lo aqueja una diferencia de edad insuficiente con el soberano al que aspiraba a suceder. El bueno de Ney se preparaba para tomar el trono del fútbol en cuanto Messi mostrara algún signo de declive. Pero el reinado de Leo se extendió tanto que vio pasar el ascenso, auge y caída de Neymar, sin dar una señal de debilidad, cansancio o relajación. Para destronarlo es necesario haber nacido veinte años después que él.

Vinicius Júnior es categoría 2000. Sus trece años de diferencia le alcanzarán para ser un reyezuelo de transición. Notoriamente peor que Neymar, con menos carisma y menos habilidad, gozará de mejores premios y remuneraciones por una injusticia del calendario.

Qué bien te queda.

La próxima prueba es el Balón de Oro y Vini es candidato número uno. El reglamento no contempla la posibilidad de que el premio quede vacante. Corona a lo mejor de lo que hay. No son pocos –porque son muchos– los que entienden que el premio al mejor jugador del mundo no puede ganarlo otro futbolista mientras Messi siga en actividad. Pueden ganar otros un reconocimiento al jugador más determinante de la temporada, o al más goleador. Pero “el mejor futbolista del mundo”, mientras Leo pueda mover una pierna, es él.

Otro absurdo candidato al Balón de Oro es Erling Haaland, pero parece haber un consenso mundial en que jugar bien al fútbol es más que hacer muchos goles. Para ser el mejor del mundo hace falta un plus que el matungo noruego no ofrece. 

¿Y Mbappé? A los 18 años ya era campeón del mundo, su única frustración recurrente es no poder ganar la Champions League, pero ya en la próxima temporada va a jugar en el equipo que compra todas las figuritas y gana dos de cada tres Champions que se juegan. 

Una sensibilidad del siglo XX diría que a su historia le falta épica. Pero el siglo XXI adora sin reservas a los ganadores. No exige nada, no les demanda ninguna pasión. Los que nacieron ganando son héroes igual. Idolatramos a los millonarios y aceptamos sin protestas que se considere un talento cómico al hijo de Suar. La manipulación discursiva más elemental es premiada con la aprobación popular. El público ha sido derrotado, aislado, reducido y desarmado. El pensamiento crítico fue hallado muerto esta mañana en su domicilio. 

Así es difícil esperar un gesto soberano. Quien sea propuesto por la maquinaria, reinará y gozará del favor del pueblo. Quedamos a la espera de un nuevo prodigio. Argentina ya colaboró, le entregó al mundo un Maradona y un Messi. ¿Es razonable pedirle un milagro más? 

Antes de triunfar en la vida como uno de los creadores de Seinfeld, Larry David fue taxista. Cada vez que dejaba a un pasajero pensaba que nunca más iba a levantar a otro. Luego, cada vez que entregaba un capítulo de la serie pensaba que nunca más iba a tener una idea para otro. Cuando algo sale demasiado bien, es sabio y prudente pensar que no se va a repetir.

Larry David entregó ciento treinta y cuatro episodios de Seinfeld a lo largo de las siete temporadas de las que participó. La serie es considerada con justicia como la mejor comedia de la historia de la televisión.

No hay comentarios.: