La Copa América y la Eurocopa, los dos torneos continentales de selecciones más importantes del mundo, se acercan a su hora definitiva y la simultaneidad invita a las comparaciones.
Avezados analistas vernáculos destacan la solidez actual de varias selecciones sudamericanas como Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador e incluso este, el que ha sido llamado el peor Brasil de la historia. El peor Brasil de la historia es mejor que el ochenta por ciento de las demás selecciones del mundo.
Avezados analistas vernáculos sostienen que estos equipos pelearían puestos de liderazgo en una hipotética Eurocopa que los incluyera —lo que habitualmente conocemos como “un mundial”. Si esta tendencia se sigue consolidando —de la mano del liderazgo regional argentino a través de sus directores técnicos, como ya se explicó en este mismo medio—, se puede soñar con que el campeonato en Qatar 2022 haya abierto una nueva era dorada de dominio sudamericano en el fútbol mundial.
Lo que el analista suspicaz puede temer es que esto suceda en parte por la evolución sudamericana pero en parte, también, por el creciente desinterés de los europeos por el fútbol de selecciones.
El sueño del pibe
“Mis sueños son dos: mi primer sueño es jugar en el mundial y el segundo es tener el copete bien peinado”, dijo el niño Diego Armando Maradona en una recordada entrevista que le dio a la televisión argentina en 1970. ¿Qué tan universal sigue siendo ese sueño?
Cada vez que un futbolista se pone en movimiento, genera ingresos. Por venta de entradas, derechos de transmisión, venta de mayonesa para los panchos, cuidacoches, uso de transporte público y privado, venta de electrodomésticos, consumo de electricidad, jabón, champú, desodorante, tráfico de influencias, transferencias de derechos federativos, laverrap, apuestas, sobornos, seguros, alquileres, publicidad estática, venta de indumentaria, estupefacientes, tickets de estacionamiento.
Pero el futbolista en movimiento es un recurso escaso, o limitado. Las instituciones que se lo disputan pueden extraerle, entre todas, un máximo de 60 o 70 partidos por año. Si lo exigen más, se rompe y pasa a ser un gasto.
Por este recurso escaso pelean los clubes, las ligas y las federaciones. La FIFA aumentó la cantidad de equipos y partidos en los mundiales y quiere jugarlos cada dos años. La UEFA amplió la cantidad de competidores y partidos de la Champions League. La FIFA inventó el Súper Mundial de Clubes. Los grandes clubes europeos inventaron la Superliga. Lo que está en juego es cuántos partidos jugarán los proletarios mejor pagos del mundo para sus clubes, cuántos para sus selecciones, cuántos en torneos organizados por la FIFA, cuántos en competiciones de liga, UEFA o Conmebol.
Lo Mascherano ha guardado durante tres años un secreto rencor contra Kevin De Bruyne, basado en la información de que al final de la temporada europea 20/21 el mediocampista belga había recurrido a un equipo de analistas de datos para decidir si renovaba su contrato con el Manchester City. Acudiendo a las fuentes como mandan los manuales de periodismo, se descubrió que no fue así, sino que el jugador utilizó el informe de los analistas para fortalecer su posición en las negociaciones de renovación contractual. “Le doy al equipo 3,48 pases completos por minuto, merezco diez millones más”, habría dicho De Bruyne.
Hazte fama y échate a dormir: Kevin De Bruyne será para Lo Mascherano, siempre, un representante del fútbol frío y desapasionado. Un gran jugador, pero que no los engañe el color rojo intenso que adquieren sus facciones en momentos álgidos de los partidos: no es pasión, es rosácea.
¿Qué haría, entonces, Kevin De Bruyne ante un conflicto entre su club y su selección, entre su empleador y su patria? A medida que el poderío de los clubes siga creciendo, y que más jugadores deleguen sus decisiones de carrera en un equipo de consultores, el sueño mundialista va a ir perdiendo peso en el imaginario de los futbolistas europeos. Los niños del 2030 soñarán más con la Champions que con la Copa del Mundo.
En Sudamérica, para nuestra inmensa fortuna, Messi y su pasión coronada de gloria sellaron la continuidad del sueño mundialista maradoniano por tres generaciones más.
3 comentarios:
Buen tema para debatir.
Buen artículo!!
Este futbol, Román, Messi, Bielsa...son un modo de resistencia. Hermosa columna
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