Vieja cita, conocida entre las clásicas yuntas rioplatenses, que muchas veces se funden entre sí, como pasa con la música, y otras veces se intercambian deportivamente como pasa en nuestro fútbol, si habremos coreado varias veces el clásico “¡uru guayo! ¡uru guayo!”.
Nos separa ese inmenso Río de la Plata, que a veces puede cruzarse para unirnos, y a veces es tan vasto que nos diferencia.
Esta cita futbolística entre los dos seleccionados, tan dura como hermosa, tan áspera como dulce en la victoria, y amarga en la derrota, se daba una vez más, por los puntos y un poco más. El clásico más difícil de jugar, en un momento clave: el de la definición crucial del futuro copero, el del cuestionamiento de la identidad del equipo, del peso real de los jugadores con la casaca nacional…
En este punto me despego de ese debate, de ese análisis tan básico y repetido hecho por los periodistas que, como si fuera un virus informático, instalan (siempre con el diario del lunes) y esparcen estas ideas a lo largo de todos los canales de comunicación posibles. La idea prende y se esparce donde le dan cabida, como también lo hace un virus, uno lo escucha en los bares, en la calle, en la cancha con amigos. Esa repetición del discurso es la manera en la que sigue esparciéndose, y no solo se da en el plano deportivo, sino en ámbitos muchos más serios, pero eso es harina de otro costal.
En resumen, se instaló la duda de si este equipo tiene la estirpe del Campeón…

Argentina jugó el primer tiempo un poco adormecida, y Uruguay sistemáticamente hizo su juego y nos fue arrinconando para quedar de espaldas e incómodos. Uruguay tuvo un par de llegadas, Argentina entendió por momentos cómo jugarlo, pero más que nada, no desesperó, más allá de las ráfagas que nunca faltan, pero para huracanar este finde largo al que llamo Copa América, sin intención de ofender a propios, ajenos ni anfitriones, hace falta una base más sólida, un modelo, ¿un alemán? No, un par de argentos a cara de perro. Para acariciar el esférico sobra pasta.
Los minutos pasaban y todo se desvanecía en un primer tiempo para el olvido. Pero todo cambió en un instante, como siempre pasa, un instante donde el eterno Mascherano se despertó del letargo y le dio un vuelto de tanto pago a cuenta al pobre de Lodeiro que poco tenía que ver. Ahí Argentina entendió como había que jugar el partido, justo antes del final del primer tiempo.
En resumen, se instaló la duda de si este equipo tiene la estirpe del Campeón…

Argentina jugó el primer tiempo un poco adormecida, y Uruguay sistemáticamente hizo su juego y nos fue arrinconando para quedar de espaldas e incómodos. Uruguay tuvo un par de llegadas, Argentina entendió por momentos cómo jugarlo, pero más que nada, no desesperó, más allá de las ráfagas que nunca faltan, pero para huracanar este finde largo al que llamo Copa América, sin intención de ofender a propios, ajenos ni anfitriones, hace falta una base más sólida, un modelo, ¿un alemán? No, un par de argentos a cara de perro. Para acariciar el esférico sobra pasta.
Los minutos pasaban y todo se desvanecía en un primer tiempo para el olvido. Pero todo cambió en un instante, como siempre pasa, un instante donde el eterno Mascherano se despertó del letargo y le dio un vuelto de tanto pago a cuenta al pobre de Lodeiro que poco tenía que ver. Ahí Argentina entendió como había que jugar el partido, justo antes del final del primer tiempo.
Así se dio el partido, camorrero y del tipo “mete gol gana”, Argentina tuvo eso, y además un gol muy bien gestado por un intenso Agüero (la 11 que le robo a Carlitos algo tiene que ver) en tándem con su cumpa Zabala, y un Pastore que, déjenme decir, está soltándose de a poco con la albiceleste, con una visión de campo envidiable, recursos deluxe que parecen improvisados, pidiendo la pelota, moviéndose a lo ancho del terreno. Es como ese flacucho alto que eligen último en el potrero, y después te pinta la cara.
Este Pastore desairó a un rival con un giro calesita de época, y casi displicente soltó la pelota en el momento justo para que Zabaleta agachara la cabeza y metiera un gran centro para el Apache Agüero, perdón el Kun, el 11 me confunde.
Había que pegar primero, y lo hicimos, sabíamos lo que venía después, aguantar sufriendo o liquidar de contra, y una vez más, tuvimos que sufrir. Aquí apareció nuevamente (lo había hecho con Paraguay) “Chiquito” Romero, que parece haber recibido algún tipo de poder mágico desde que Mascherano le dijo “hoy te convertís en héroe”, y ha tenido grandes actuaciones desde entonces. La confianza es gran parte del corazón de un futbolista, y como la frase hecha dicta, el fútbol es un estado de ánimo.
Este Pastore desairó a un rival con un giro calesita de época, y casi displicente soltó la pelota en el momento justo para que Zabaleta agachara la cabeza y metiera un gran centro para el Apache Agüero, perdón el Kun, el 11 me confunde.
Había que pegar primero, y lo hicimos, sabíamos lo que venía después, aguantar sufriendo o liquidar de contra, y una vez más, tuvimos que sufrir. Aquí apareció nuevamente (lo había hecho con Paraguay) “Chiquito” Romero, que parece haber recibido algún tipo de poder mágico desde que Mascherano le dijo “hoy te convertís en héroe”, y ha tenido grandes actuaciones desde entonces. La confianza es gran parte del corazón de un futbolista, y como la frase hecha dicta, el fútbol es un estado de ánimo.

Bien Romero. Como tantos argentinos te he puteado y pedido tu dimisión y abandono del planeta tierra, pero hace tiempo has devuelto con creces la confianza depositada en vos por tantos DTs, y callado las bocas de los giles, que sentados en su cómodo sillón con su cerveza en mano, te puteábamos.
La nave se acomodó, aun sin contar con el DT, que se fue expulsado infantilmente, dejando una tarea adicional a Mascherano, que lo suplantó digitando los cambios (salvando distancias me vino a la mente el Enzo allá en Colombia cuando no dejo salir al Burrito ortega cuando le pedían el cambio).
Martino tiene que ser el primero en serenarse y entender que su idea no solo es ambiciosa, sino riesgosa y necesita tiempo de gestación y de aceitado. Nuevamente, no pensar tanto en el periodismo ni vincular esto con anteriores experiencias donde sufrió a manos de la prensa, entre otras cosas. A partir de ahí seguir construyendo, creciendo.
Ambición sobra, fútbol también, esto recién comienza.

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