“Primero hay que saber sufrir”, canta el tango, frase que calza a medida de esta selección argentina.
“Estoy cansado de comer mierda”, frase sin relación con el tango, pero que bien podría ser una línea de cualquier melodía arrabalera, melancólica y furiosa, tan explícita en la sensación que transmite.
En aquel lejano 2014 Mascherano dio forma con esta frase al estandarte que hoy mantiene erguido el equipo. Sintentizó de esa manera el sentir de una generación de futbolistas vapuleados por los reveces del fútbol, que les han arrebatado toda chance de redención.
Pero el pasado viernes, luego de un partido que increíblemente llego a la definición por penales, el segundo principio del fútbol (en otra ocasión desarrollaremos el primero) nos hizo un hermoso guiño en un momento donde parecía que el sufrimiento nuevamente se transformaba en dolor. Este principio puso a Carlos Tevez frente al esférico, en un nuevo penal crucial con la casaca albiceleste. Memorias, recuerdos, seguramente reproches, pasaron por nuestras mentes, imaginen lo que pasaba por la mente de Carlitos.
Si me permiten arriesgar, no pasaba NADA por la mente de Carlitos, creo que caminó esos largos metros hasta la bocha como “andando sin pensamientos”, la mente en blanco, solo sabiendo lo que había que hacer.
Y lo hizo, aseguró su penal al medio, como dicta el manual.
Y por fin destrabo la alegría, el pensamiento, el sufrimiento, todo lo vivido por él y su familia. Aunque no lo admita públicamente, encontró su redención, merecida por cierto.

“El fútbol da revancha”, segundo principio del fútbol, se manifestó en esa fría noche de Viña del Mar, ni Rojo, ni Biglia, ni Martino pudieron evitar que el destino se encuentre cara a cara con Tevez. Qué hermoso que es el fútbol, con esas vueltas de película que hacen emocionar y trascender en el tiempo.
Argentina jugó su mejor partido en el torneo, tuvo presión alta, dinámica en el movimiento de la pelota, amplitud de juego y cambio de ritmo, pero se topó con un inspiradísimo Ospina, que desvió los disparos argentinos como también los de sus propios compañeros colombianos. No permitió que Messi se sacara las ganas que tiene de gritar un gol importante en el trámite de un partido, pero también tuvo la complicidad de los palos para mantener la valla en cero. Igualmente, Messi se bancó todo lo que le tiraron y guapeo el partido completo; ya encontrara su momento, siempre está latente la explosión futbolística desde sus pies, paciencia.
Colombia no es un rival menor, más allá que venía a los tumbos desde el día uno de la Copa, y Argentina lo neutralizó, obligando (¿?) a que Perkerman hiciera un cambio que pareció desesperado y sacrificara un delantero como Teo que, como el resto de los colombianos, no había podido sostener una pelota en 20 minutos.
Pero aquí hay mérito de esa defensa argentina que es siempre una incógnita, porque ha demostrado tanto solvencia como desequilibrio. Pero, como viene pasando también hace años, en los momentos donde hay que responder, se planta firme en el fuego. Destaco en esta labor a Otamendi, que se fajó con colombiano que se le pusiera cerca, y ganó todas, de arriba de abajo, anticipando. Solo le faltó el gol, que fue a buscar en área contraria con la misma confianza con la que defendió, pero el palo y danza de la pelota por la línea evitaron.
También Zabaleta fue clave en la defensa, en esa mitad del segundo tiempo donde aparecían los fantasmas, y Colombia se animaba un poco más, evitó cualquier posibilidad de desborde como el más eximio plomero, cruzando y cerrando, ganando los mano a mano, una fiera que sigue manteniendo su nivel pasados los años.
Sigo esperando una dosis de calma en el cuerpo técnico, que evidentemente aún no sabe sufrir, pero más que nada porque no sabe convivir con situaciones de desventaja deportiva si se quiere, que son tan válidas en el sufrimiento como no poder meter las situaciones que generás en el arco contrario.
Este partido nos debe enseñar que lo que viene será mucho más difícil en términos de equidad y lucha, y que tenemos que estar preparados para arbitrajes permisivos, que son las espinas que atraviesan este el camino hasta la victoria. Hay que bancársela, la Copa para ganar de puntitas de pie fue en nuestra casa hace cuatro años y no lo hicimos, si queremos ganarla en tierras extranjeras, y con el anfitrión como gran candidato, deberemos aprender y aceptar jugar como si tuviéramos uno menos todos los partidos que quedan. Bancar las patadas, los embates, las provocaciones, y ganarlos sin pensar en todo eso.
Como Carlitos, que tarareó ”primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamiento”, en esa larga caminata al punto penal, huelo más cerca ese perfume de naranjo en flor, y confío que mi viejo amigo el fútbol me guiara hacia él.



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