11 diciembre 2022

ARTE POPULAR

Cuatro mil ochocientos caracteres sobre cosas que otros ya han dicho mejor.

Argentina eliminó por penales a Holanda* en los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022. Fue un partido tenso, cargado desde la previa, picado en su desarrollo. Cuando terminó, los jugadores argentinos celebraron el triunfo con gestos de burla hacia los holandeses. Gestos bastante inocentes, casi infantiles, por otra parte.

Esta forma de celebración dio lugar a las críticas que ya todos sabemos, donde se acusa a la selección argentina de falta de deportividad e incluso de “vulgaridad”. Las primeras objeciones surgieron en los diarios deportivos españoles, otras salieron de medios argentinos. Todo, por supuesto, tuvo su correspondiente rebote y ampliación al infinito en redes sociales.

También hubo una encendida defensa del seleccionado nacional. Por ejemplo el periodista deportivo Hernán Castillo escribió en Twitter:

“Hola. Este equipo ganando o perdiendo nos representa. Nosotros somos así. Pendencieros. Locos. Ciclotímicos. Capos. Inocentes. Genuinos. Los mejores y los peores. El país es así. Este equipo es nuestro puro reflejo. Nos representa tal cual somos y el q no se da cuenta es un boludo”.

En primer lugar, hola. Bien por saludar, educado, parece querer compensar el carácter pendenciero que defenderá después.

Luego, la defensa se basa en un “nosotros somos así” que es muy difícil de sostener. ¿Quiénes son así? Vos y tu vieja. Yo no soy así. Mi vieja puede ser. Pero el ataque viene en esos mismos términos, es vago y generalizante, por eso para repelerlo traza un perfil del argentino medio —o ni siquiera: del argentino a secas— y en tuits posteriores sostendrá la idea de que esos rasgos nacionales impiden que nuestros futbolistas ofrezcan un comportamiento “British” (sic).

Por supuesto que tanto los modales “British” como la falta generalizada de modales del sudamericano son ficciones que inventaron los europeos para elevarse a sí mismos como modelos de ser y que levantan algunos lacayos locales para convencernos de que somos una escoria que solo merece un salario mínimo sin resto ni para prender la estufa. La oración que acaba de terminar tiene cincuenta y seis palabras y ni una coma.

Los holandeses no son británicos, pero son europeos y reciben el certificado de caballeros por extensión, por transitividad o por pereza intelectual. Son blancos, blanquísimos, rosados, casi tan feos como los ingleses blancos (lejos, los hombres más feos de la copa) y es fácil asimilar a unos con otros.

Ni hace falta meterse con la conducta asesina de los países europeos a lo largo de los siglos. Europa, el continente que popularizó el racismo para darle el éxito del que esa ideología goza hoy en todo el planeta, descubrió hace un tiempo que necesitaba un escalón más para elevarse sobre el resto del mundo, y ahora nos da lecciones de respeto a la diversidad y sanciona a Cavani por decile “negrito” a un amigo. Es una extensión de la misma superioridad moral que les permitió esclavizar a dos continentes. 

Quedémonos con lo deportivo. La primera mentira es esa: que los europeos tengan una conducta deportiva caballeresca. Como explicó nuestro capitán sobre los holandeses: antes del partido boquearon, durante el partido patotearon y después del partido lloraron.

“Lloraron” en el sentido futbolero del término. No significa que vertieron lágrimas por la derrota, como Cristiano Ronaldo al despedirse de su último mundial, sino que se quejaron de forma lastimera y no se bancaron las respuestas a sus propias provocaciones. Un ejemplo a continuación.

Wout Weghorst, autor de los dos goles neerlandeses: “Messi me dijo palabras irrespetuosas y eso me decepciona”. 





Los europeos, allá ellos. Que sean felices con su ficción. El verdadero problema son los lacayos locales. Integrantes del mismo colectivo denigrado, que denostan a sus compatriotas porque no hacen un esfuerzo suficiente por parecerse al relato que los europeos cuentan de sí mismos y diferenciarse del que cuentan sobre nosotros, los bárbaros que no nos adaptamos a los cánones de la civilización.

“Messi no pudo contener al hombre vulgar”, dice un artículo de La Nación. No dice “violento”, no dice “irrespetuoso”, no dice “antideportivo”; dice “vulgar”. La elección del término lo delata. Vulgar significa impropio de personas cultas o educadas, es de mal gusto. Lo que hay detrás de esa objeción no es más que rechazo a lo popular. 

El fútbol es popular, 80% sinónimo de vulgar. El artículo es un episodio más de la guerra que La Nación y el sector al que representa vienen desatando hace 152 años en nombre de la civilización y contra la barbarie popular sudamericana.

Hoy domingo 11 de diciembre de 2022 se cumplen 132 años del nacimiento de Charles Romuald Gardés en Toulouse, Francia. Carlos Gardel era un artista popular. Aunque en un momento se haya hecho pasar por uruguayo, eligió ser argentino. Como Messi.

Messi es un artista popular.


 

*Vamos a decir “Holanda” porque durante el mundial la hinchada naranja cantaba “Holland, Holland”, así que dejaremos de lado el nombre Países Bajos, gracias igual por la sugerencia. Además de que un país no puede llamarse “Países”. ¿Cuántos países sos?

No hay comentarios.: