26 diciembre 2022

PENALES

I

Belo Horizonte, 19 de junio de 2019. Después de una actuación espantosa en el mundial Rusia 2018 y de que la AFA pagara sumas millonarias para deshacerse del cuerpo (técnico) de Jorge Sampaoli, la selección argentina está en manos de un entrenador sin experiencia. Tras un par de amistosos resueltos de manera decorosa y ante la imposibilidad de concretar la llegada de un seleccionador de renombre, el interinato de Lionel Scaloni se ha extendido para abarcar la participación en la Copa América. El periodismo deportivo lo considera un escándalo, una afrenta a la gloriosa historia albiceleste. 

Transcurre el segundo partido de la fase de grupos y a los 15 minutos del segundo tiempo, Nicolás Otamendi se tira al piso para despejar una pelota que cruza el área argentina, pero en el movimiento se lleva puesto a Derlis González. El encuentro está igualado 1 a 1 y hay penal para Paraguay.

Argentina debutó en este torneo cuatro días atrás con una derrota 0-2 ante Colombia. Otra caída y quedará eliminada en primera ronda de la Copa América por primera vez desde 1983. Si eso sucede, el cuerpo técnico argentino pasará a engrosar el creciente índice de desempleo, que en el segundo trimestre de 2019 se acerca al diez por ciento. Mientras Derlis González acomoda la pelota para hacerse cargo del penal que puede ponerle fin al ciclo Scaloni, el periodismo arriesga nombres para la sucesión: Gallardo, Gareca, Pochettino.

En la valla albiceleste está Franco Armani, dos veces campeón de la Copa Libertadores, una con Atlético Nacional de Medellín y otra con River Plate. Parado en el medio del arco, no amaga, no se mueve, no ofrece ningún gesto. Mira fijo la carrera del pateador, espera hasta último momento y se arroja hacia su izquierda. El delantero paraguayo suelta un tiro rasante, esquinado, pero directo hacia donde vuela Armani que con las dos manos desvía la pelota al córner y le concede otra semana de vida al DT.

El resultado ya no se moverá y ese empate le permitirá a Argentina recuperarse y seguir avanzando en la Copa hasta las semifinales, donde será eliminado por Brasil con abundante polémica arbitral. Esas semanas extra de competencia, ganadas a partir de la atajada de Armani, lograrán consolidar un grupo de jugadores renovado, afianzar al cuerpo técnico y reforzar el liderazgo de un Messi guapo y peleador. Al final de ese proceso habrá nacido la Scaloneta.

El decorado se calla.


II

Doha, 30 de noviembre de 2022. Argentina llegó a la Copa del Mundo de Qatar con un invicto de 36 partidos y lo perdió en la primera oportunidad, contra el rival menos esperado. La derrota ante Arabia Saudita convirtió a todos los encuentros siguientes en instancias de eliminación directa. En la fecha definitoria de la fase de grupos, contra Polonia, la selección necesita ganar para asegurarse la clasificación y el primer puesto.

A los 38 minutos, con el partido trabado en cero a cero, un roce de guante del arquero polaco Wojciech Szczęsny en la cara de Messi es sancionado con penal para Argentina, mediante una intervención del VAR. 

Mientras el árbitro despeja el área para permitir la ejecución, la cámara toma desde atrás al portero polaco que, sin siquiera estirarse del todo, levanta los brazos y sacude el travesaño. Mide 1,96 metros y parece tener una fuerza sobrehumana. Messi patea fuerte, a su derecha, cruzando el tiro a media altura. Szczęsny vuela hacia el mismo lado y manda la pelota lejos del arco. 

Cuatro años y medio antes, cuando Hannes Þór Halldórsson, arquero de Islandia, le atajó un penal en el primer partido de Rusia 2018, Messi se derrumbó y todo el equipo con él. Entró en un pozo anímico del que pareció salir a medias recién dos partidos después, con aquel golazo ante Nigeria. En el medio, había pasado el 0-3 contra Croacia.

La atajada de Szczęsny despierta los mismos temores. Sin embargo, la respuesta anímica es completamente diferente. Apenas reanudado el juego tras el penal, Argentina acorrala a Polonia en su área y ofrece, en el final del primer tiempo, sus mejores minutos de fútbol hasta el momento. Algo ha cambiado. La reacción muestra a un equipo serio, ambicioso y anímicamente fuerte. Ni el capitán se deprime ni el equipo se lo permite, no le da tiempo. Empieza a aparecer una de las mayores virtudes que mostrará Argentina a lo largo este mundial: la rebeldía ante la adversidad. En los partidos que siguen la van a necesitar.

No otra vez.


III

Avellaneda, 10 de diciembre de 2020. En la cancha de Independiente, vacía por la pandemia, River hace de local mientras refacciona el Monumental. Se juega el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa Libertadores, el marcador está en cero y hay penal para River aquí en Porto Alegre. Digo, aquí en Avellaneda. El equipo de Gallardo viene de mala racha con los tiros desde los doce pasos, ha fallado siete de los últimos ocho. Incluso ha ido rotando los pateadores, sin éxito. En partidos recientes, fallaron jugadores que figuran entre los mejor cotizados del continente, como Quintero, De la Cruz, Nacho Fernández y Borré, que ahora vuelve al tope de la lista y recibe una nueva oportunidad. Rafael Santos Borré, el máximo goleador del ciclo Gallardo, toma la pelota y patea como contra Boca en la semifinal de la Libertadores 2019: al centro, a media altura, sin mucha potencia. Un tipo de ejecución que descansa en la certeza estadística de que la mayoría de las veces el arquero vuela hacia alguno de los palos, dejando libre la franja central. En este caso, Sebastián Rochet, golero de Nacional de Montevideo, se queda parado en el medio y ataja el tiro con facilidad. 

Unos minutos después, River tiene otro penal a favor. Descartadas todas las figuras del plantel por sus yerros previos, quien agarra la pelota es el pequeño lateral derecho, Gonzalo Montiel. Tiene un solo antecedente conocido: un penal pateado y convertido en la definición contra Cruzeiro por los octavos de la Libertadores, y otro desconocido, mítico: los torneos de penales por plata en el barrio. Toma carrera y le pega con la parte interna del botín, suave, abajo y a la derecha. El arquero va al otro lado. Gol. Desde ese día, en un plantel repleto de figuras, el impensado Montiel será el encargado de los penales y construirá su fama de ejecutor implacable. En los dos años siguientes, en River, en Sevilla y en la selección, pateará diez y los convertirá todos. Incluso uno que le dará a la Argentina su tercera Copa del Mundo.

Montiel en su salsa.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermoso...