15 julio 2014

Jugador al cuadrado VII. Final del Mundial Brasil 2014. Argentina vs Alemania

Por Lucas M.


Romero: impecable. En el gol no se le puede decir nada, durante el resto del partido transmitió lo que nunca: seguridad, tapando y con los pies. Daba la cabal impresión que si venía un gol no iba a ser por una defectuosa intervención suya. Finalizó el Mundial y Romero es mucho mejor arquero que cuando comenzó. Fue como si de repente el mundo del fútbol, y él mismo, hubiera notado su estatura. Cuando vuelva a su club debería lograr la titularidad, o buscar aires nuevos donde podrá ganarse ese lugar. Un 8.

Promedio Brasil 2014: 7,1 (7 partidos) 


Zabaleta: partidazo. De menor a mayor, jugó su mejor encuentro en la Copa en el partido más importante de su carrera. Aunque el gol haya venido por su costado, fueron 112 minutos de cortar, marcar y trabar de forma endiablada y casi perfecta. Cualquier 4 que intente pelearle el puesto en el futuro se enfrentará a un jugador de unos huevos grandes como el Maracaná. Nos quedamos con ganas de ver alguna proyección agresiva, que genere real peligro en el área rival (el ejemplo más a mano sería el alemán Lahm, el mejor lateral derecho del fútbol mundial). Un 8.

Promedio Brasil 2014: 5,8 (7 partidos)


Demichelis: tres partidos para dormir con la conciencia tranquila. De este equipo probablemente sea el jugador del vínculo más traumático con la selección. Pasó de ser gran promesa a las lágrimas de ser desafectado en el 2006, de heredero de Ayala a señalado como chivo expiatorio de Sudáfrica. Del solvente ostracismo del Málaga al campeonato del City como titular (un puntazo para Pellegrini, que ahora se llevó a Willy Caballero, uno que debería tener una oportunidad en el equipo nacional). Y ahora, en 2014, de suplente con pocas chances a indiscutido titular en los tres partidos mas importantes de la selección en 24 años. En el gol es quien queda más en evidencia, pero las culpas son compartidas con el equipo y la fatiga de un nuevo suplementario. Su mejor herencia fue apuntalar a Garay. Un 8.

Promedio Brasil 2014: 7,6 (3 partidos)

Garay: descomunal. Como casi todos sus compañeros fue de menor a mayor, pero él fue quién más alto llegó dentro de la defensa. Otro que regresa del Mundial a reclamar un puesto titularísimo en equipo grande europeo. La 2 de Argentina le debería pertenecer en el futuro sin discusiones. Con Alemania hizo un partido que recuerdo perfecto. Se reveló como un rápido anticipador e inteligente batallador en el cuerpo a cuerpo. Nos debe un gol de cabeza. Un 9.

Promedio Brasil 2014: 7 (7 partidos)


Rojo: la gran revelación del equipo. Jugó la final con muchísima autoridad, se esforzó al máximo en cubrir al mejor alemán, Lahm, y siempre estuvo a la altura. Después del retiro de Sorín la selección vuelve a tener un 3 para confiar. Esperamos que pegue el salto a alguna liga europea más visible (entiéndase televisada a nuestro país) y a un equipo de mayor peso que el Sporting de Lisboa. Su experiencia con el idioma ruso, jugó en el Spartak de Moscú, será un interesante aporte para la planificación del futuro. Un 8.

Promedio Brasil 2014: 7,08 (6 partidos)

Enzo Pérez: la segunda revelación argentina del Mundial. Fulminó todos los recuerdos que teníamos de él: "flaquito, algo habilidoso, juega por derecha, medio pecho". Claramente en Brasil no jugó esa vaga e idiota trampa de la memoria y el prejuicio. A esta altura no se comprende su poca participación en partidos previos y Eliminatorias. Y pensar que lo llegamos a comparar con José Sosa. En el tintero quedó la sensación de que en ataque es mucho más lo que podría aportar. Es cosa de ver sus goles en Estudiantes de La Plata y en el Benfica, todos golazos. Un 8.

Promedio Brasil 2014: 7,3 (3 partidos)

Biglia: junto con Garay, el mejor jugador de Argentina ante Alemania. Mejoró lo que venía mostrando en los partidos previos y lo hizo en el partido más importante y más difícil de todos. Esta vez fue él el que fue al socorro de sus compañeros y de Mascherano (no porque este necesite ayuda, por favor, que no se malinterprete), que en este partido compartió la omnipresencia en la cancha con el blondo jugador. Con menos minutos jugados, llegó a la Final con la energía para correr, marcar y presionar sin descanso. Tanta fue la mancomunión entre ambos mediocampistas que, sobre el final del partido, se los pudo ver yendo juntos en barrida a cortar a un alemán como si fueran los hermanos Korioto de la contención. Y ojo, no es ningún muerto con la pelota en los pies. Los pases limpitos al compañero, incluso arriesgando, jugando con la marca encima, siempre encontrando la mejor opción. Tiene pasta de Capitán. Un 9.

Promedio Brasil 2014: 8 (3 partidos)


MASCHERANO: animal del fútbol, gran hombre de la vida. Mucho de lo que pienso sobre él (y sobre todos estos jugadores) ya lo dijo Javier Asioli en esta nota. No quisiera ser redundante en el cariño enorme que sentimos por este jugador, manifiestado, entre otras cosas, en el nombre de este modesto y trabajador blog. Pero sí quisiera reforzar esa idea de que lo que Mascherano hace en la cancha tiene un efecto que la trasciende por completo, es un jugador que te inspira a ser un mejor yo, como si fuera una musa del balonpié para los días de la vida: para comprar mejor que nunca el pan, para destapar con elegancia una botella de vino, para dar un buen abrazo a un amigo que cumpleaños, para tener un hijo con la mujer que amamos.

El otro jugador que genera ese efecto es, por supuesto, Messi. Otro ejemplo de superación. Los dos son bestias trabajadoras, competitivas y ganadoras, pero se complementan en los modos y capacidades acordes: uno mete un gol en el último minuto y el otro corta a un rival con el último aliento. Los dos son los jugadores que más quiero y admiro de este deporte.

 Los dos son jugadores sensibles a su entorno, son tipos que no ocultan ciertas debilidades que los aquejan: Mascherano se manda cagadas y se putea mal, a Messi no le salen un par de jugadas y se ensimisma (probablemente puteándose también). Después de esas acciones: Mascherano vuelve a intentar un cambio de frente y Messi vuelve a gambetear. No son demagogos, lo hacen en la cancha porque lo sienten, cuando lo sienten.

Los de Barcelona empiezan a darse cuenta lo que vale Mascherano, fue uno de los pocos jugadores que dio la cara por un equipo deshilachado durante el último año y ahora se lo comienzan a reconocer. Messi, incluso en un mal año en muchos sentidos, casi los saca campeones otra vez, peleando palmo a palmo por ser el mayor goleador del campeonato. Los de River tenemos la fortuna de saber que contaremos con Mascherano en las filas del equipo en el futuro. Lo dijo en repetidas oportunidades, quisiera despedirse del fútbol con la franja roja cruzándole el pecho y ganando la Copa Libertadores. Hoy por hoy, mi mayor orgullo como hincha millonario es haber aportado al equipo nacional a Javier Mascherano. Ah ¿Qué? Cierto, el partido con Alemania. Mucho Masche, entrega sin par, un par de pelotas mal dadas, jugó hasta que no le quedó nada más por dar. Un 8.

Promedio de Brasil 2014: 7,5 (7 partidos). 


Lavezzi: jugó el mejor primer tiempo que le haya visto jamás cualquiera que lo haya visto jugar un muy buen primer tiempo sin gol. Parece que salió porque no le quedaban más piernas. Entonces, Lavezzi sería un jugador que te juega sus mejores 45 minutos, desbordante, gambeteador, indesbordable por sus rivales, en una puta Final del Mundo y se muere. No podía correr más, ni 15 minutos mas, ni 20, ni 5, y lo sacan, en el vestuario, antes del segundo tiempo, lo peor para un jugador, para poner a uno que viene roto y jugando mal todos los partidos. Esta movida será para mí uno de los grandes misterios de esta Copa. Un 8.

Promedio de Brasil 2014: 6,8 (5 partidos)


MESSI: monstruo, gracias por llevarnos a esta nueva Final después de 24 años. Sostuvo al equipo cuando este no era tal (antes del Mundial, comandando la ilusión del Big Four, y durante los primeros 4 partidos con intervenciones directas claves), jugó un gran partido ante Bélgica y con Holanda se bancó un partido soporífero para un jugador como el. ¿A alguien le cabe la menor duda que sin Messi Argentina no llegaba a esa instancia final? Con Alemania fue muy bueno el despliegue y entusiasmo del primer tiempo, en el segundo tuvo en sus pies una gran jugada de gol y pasó cerca, con el correr de los minutos dosificó las energías esperando una pelota, una oportunidad más para volar y ganar. No la tuvo él, la tuvo Palacio.

En la falta de definición de los delanteros, entre ellos Messi, estuvo la clave para que Argentina no le haya podido ganar a Alemania. A su vez, en el trabajo de los delanteros, entre ellos Messi, estuvo la clave también para que Argentina defendiera como defendió en los últimos partidos: casi a la perfección. “El primer defensor es el delantero”, se dice, se repite, y sigue siendo cierto aunque se trate de Messi o de Higuaín. Mérito también para ellos que Argentina haya maniatado como lo hizo a dos potencias ofensivas como Holanda (le metió 5 a España) y Alemania (7 a Brasil). Pero con goles se ganan los campeonatos, Argentina no los metió y ganó Alemania. Un 7.

Cuidemos a Messi, que con un poco de suerte no se hincha las pelotas de las boludeces de los argentinos (y españoles) y en Rusia 2018 podremos festejar sus 31 años y verlo convertirse en un crack maduro al que me gustaría disfrutar jugando para mi equipo.

Promedio de Brasil 2014: 7,3 (7 partidos)


Higuaín: el jugador argentino que peor la está pasando en este momento. Ayer a la madrugada me desplomé en la cama y se me venía la imagen de Higuaín sólo frente a Neuer, con la pelota picando para su derecha, entrando al área, en la Final del Mundo, frente a Alemania, en Brasil, en el Maracaná, con sus compañeros haciendo un partidazo y pegándole pifiado. Tan mordida salió que ni siquiera fue una situación de gol. Una oportunidad única desperdiciada. Varios minutos después el Pipa completó el desaguisado metiendo un gol en evidente offside y gritándolo como debía ser gritado. Es que lo gritamos todos con él. El grito llegó hasta allá y el Pipa se sumó. Qué se le va a hacer. Vamos Pipa, fuerza. Sos el 9 de la selección. Un 6.

No fue penal. Fue lateral o jugada peligrosa. Cobró para Alemania no se sabe qué. Otra cosa: mientras el alemán Cosmo Kramer tuvo que salir luego de un golpazo, el Pipa que cobró tan o más duro y siguió jugando. Groso. En tu cara Alemania.

Promedio Brasil 2014: 6,5 (6 partidos) 


Agüero: una lástima no haberlo visto en plenitud en el Mundial ni en la Final. Jugó más de 60 minutos con Alemania y no logró asociarse, ni crear peligro. Creo que no pateó al arco en todo el Mundial. Seguramente se sabe en deuda –con sus compañeros, con el equipo, a mi no me debe nada- por eso se lo notó muy desconsolado al terminar el partido. El fútbol siempre da revancha Kun. Vamos carajo.

Palacio: ya está Palacio, aburrís. Como dijimos después de Suiza, justificó el pasaje con el pase a Messi para el gol de Di María. Desde que salió en el Mundial 2006 a patinar estaba claro que no podía jugar nunca más en la selección. No lo vieron así ni Basile ni Sabella. ¿Quién sí? Maradona DT. Otro punto para Diego.

Gago: entró para armar un triple 5 y controlar la pelota esquiva. No logró nunca hacer pie en el Mundial, en los primeros partidos pudo jugar un poco, cuando el ritmo se intensificó quedó afuera.


14 julio 2014

Finalistas en el mejor mundial de la historia

Por Javier Asioli

Si puteás a estos jugadores no entendés nada y merecés vivir en este agujero tercermundista y que te gobierne el peronismo.

No es un planteo hipotético, ya escuché puteadas al equipo, con Messi como primer blanco. Pero lo cierto es que gracias a este grupo de futbolistas ayer vi otra final del mundo en la que jugaba mi equipo. La tercera vez para mí. Todas fueron el mismo partido: Argentina-Alemania.

También hay que decir que gracias a este equipo ahora tengo un récord negativo de finales: dos perdidas, una ganada. Hablo de las que vi, no había nacido en el 78.

Brasil 2014 fue un gran mundial y le estamos agradecidos. Brasil es un gran país y, a pesar de que se vistieron con las camisetas de todos nuestros rivales, también les agradecemos. Una Copa del Mundo en su tierra no podía salir mal.

Haber llegado a la final en el mejor mundial de la historia es excelente. El campeonato ya era bueno al margen de la suerte que corriera Argentina, pero ganarlo hubiera sido perfecto, demasiado bueno para ser real.

Brasil 2014 nos entregó la rabona de Rojo, cuatro goles de Messi, el mejor Mascherano que hayamos visto, el 5 a 1 de Holanda a España, el 7 a 1 histórico, Keylor Navas y la fantástica selección de Costa Rica, los goles de Suárez, la mordida de Suárez, los goles de James, tres jugadores de River en Colombia, la columna de Neymar, los laterales de Estados Unidos, Brasil decime qué se siente, la vuelta del afro en detrimento de la cresta con Fellaini como punta de lanza, Medel jugando desgarrado y Pinilla tatuándose el palo que le impidió pasar a cuartos, cierto cariño por la selección inglesa y 171 goles. Y este blog.

Nos, los creadores de Lo Mascherano reunidos en Asamblea General Constituyente habíamos comentado el extraordinario efecto que tenía el Mundial sobre el estado de ánimo del argentino futbolero de bien.

Igual que Sergio Massa, estamos tristes pero muy orgullosos de este equipo que jugó con nobleza, talento y esfuerzo. Por eso queríamos verlos campeones. Porque los conocemos, los venimos siguiendo desde hace años, los vimos debutar en las selecciones juveniles, hacerse figuras en sus clubes, irse a Europa o aparecer allá. Queríamos verlos campeones porque ellos, los jugadores, que son mejores que nosotros, lo merecían.

En estas horas, Lucas está muy deprimido para escribir, pero ya vendrá a hacer su aporte. Por eso, para calmar la ansiedad de los lectores, les dejo mi Jugador al Cuadrado de todo el plantel argentino en Brasil 2014.

1- Sergio Romero: un arquero bueno, sobrio pero antiguo. Ahora se usa salir. Para una próxima etapa hay tiempo de probar a alguno de los buenos pibes que salieron en los últimos años.

2- Ezequiel Garay: alto, morocho, buen cabeceador. Así tiene que ser un central de selección. No perdió casi nunca de arriba ni de abajo, ganó en el área rival aunque siempre terminó en “Uh”. Metió su penal con autoridad en la serie contra Holanda. Quizás podría haber cerrado más rápido en la jugada del gol de Goetze, pero el que lo tenía que marcar era Demichelis. De lo mejor de Argentina en la Copa.

3- Hugo Campagnaro: jugó medio partido, el peor medio partido de la Selección (primer tiempo contra Bosnia) y el cambio de esquema de la segunda parte lo dejó afuera. No es su culpa, pero tampoco lo imagino jugando otro mundial. Igual tengo poca imaginación, así que no sé.

4- Pablo Zabaleta: arrancó flojo y fue ganando seguridad para defender y atrevimiento para atacar, sin llegar a descollar, en especial en el rubro ofensivo. No sé si habrá otro lateral derecho en condiciones de pelearle el puesto. De continuar, será hora de recurrir al rapado completo porque esa pelada no resiste más.

5- Fernando Gago: flojardi. Biglia le comió los talones hasta que le sacó el puesto. No venía bien en Boca aunque durante las eliminatorias en la selección había funcionado. Ya hace un par de años que lo rajaron de Europa, por algo será.

6- Lucas Biglia: el Mascherano rubio. Esto significa que corrió mucho, marcó mucho, distribuyó el juego, pero aportó poco en ofensiva. Porque no es una de sus cualidades, esto no es culpa suya tampoco. Jugar un mundial en este nivel debería permitirle seguir vistiendo la camiseta de la selección.

7- Ángel Di María: te amo, no llores, sos un campeón.


8- Enzo Pérez: puesto número dos en la lista de jugadores fetiche de Sabella que nos cerraron el orto. Como nadie mira la liga de Portugal, no estábamos al tanto de su presente. Personalidad y buen juego, que igual parecía prometer más de lo que concretaba. Si tenés la 8 tenés que jugar bien, y cumplió.

9- Gonzalo Higuaín: vos sabés todo, Pipa. Sos uno de los jugadores más sabios de este equipo y hacés un trabajo de esos que el vulgo tribunero no sabe apreciar. Nosotros somos mejores, más cultos y educados, por eso te entendemos. El gol que te perdés en la final solo puede explicarse por nervios, falta de ritmo y de confianza. De alguna manera, es imperdonable. Pero te perdonamos. Seguís siendo nuestro nueve.

10- Lionel Messi: te amo para siempre. No digo más porque todo lo que pienso sobre vos lo dijo Leandro acá.



11- Maxi Rodríguez: no sé si estaba para jugar este mundial. Parece que destacarse en el torneo local cada vez alcanza menos para rendir en un mundial (estoy tratando de decir que el torneo argentino es una mierda, no sé si se entiende). Metió el penal que tenía que meter porque lo pateó como había que patearlo: fuerte.

12- Agustín Orión: le hizo unos gestos a Romero antes de los penales contra Holanda, mediante los cuales le indicaba que debía ser mentalmente fuerte. Líder nato.

13- Augusto Fernández: aparte de los arqueros, el único que no jugó ni un minuto. Sabella ya sabía que esto iba a ser así, por eso le dio la camiseta número 13. Otro aporte de River Plate a la grandeza nacional.

14- JAVIER MASCHERANO: le pusimos tu nombre al blog porque desde que te vimos en un torneo sudamericano sub-20 hace más de diez años sabemos que sos un jugador extraordinario por calidad, entrega, compromiso e inteligencia.

Creo que con este mundial te consagraste como el mejor volante central en la historia de la selección. No creo que en ningún torneo anterior el cinco haya sido tan claramente el mejor jugador del equipo, el líder y la vara ética de una nación.

Tus actuaciones dentro del campo de juego repercuten afuera. Obligan a uno, que es un gusano sin alma, sin carácter, que se doblega con facilidad, que renuncia a sus principios por comodidad y es incapaz de esforzarse por nada digno, a replantearse algunas cosas, a creer que lo imposible se puede lograr.

Hablo de mí, pero también hablo de todos ustedes, burgueses de culo gordo que se sientan en sus casas a quejarse de que estos pibes no jugaron como ustedes nunca podrían.

Es difícil estar tan cerca del objetivo máximo, caerse y tener fuerzas para volver a intentarlo desde cero. Por todo lo que te contaba recién, yo renunciaría a la selección ya mismo, pero por eso nunca jugué ni en el Círculo Italiano de Santa Rosa de Calamuchita. Vos sos un animal de ambición interminable y espíritu indestructible, y sabés que la selección futura te necesita. Ojalá te veamos en muchos partidos más con la celeste y blanca. Te amo para siempre.


15- Martín Demichelis: con el pelo corto da más seguridad. Estuvo muy bien en todos los partidos que jugó, menos en un segundo de la final. No sé cuántos años tiene –hola, periodismo–, pero me imagino que habrá que buscar un reemplazo. Jonathan Maidana, el país te necesita.

16- Marcos Rojo: puesto número uno en la lista de jugadores fetiche de Sabella que nos cerraron el orto. Hizo olvidar el nombre que todo el país pedía para ese puesto: Leonel Vangioni. Seguridad, desparpajo, actitud ofensiva, coraje, personalidad, elegancia, entrega, rabona, D16S. Uno de mis favoritos. ¡Que siga!

17- Federico Fernández: acá nosotros le cerramos el orto a Sabella. No nos gustaba y teníamos razón. Muy lento y perdido en los primeros partidos. Cuando fue reemplazado la defensa ganó en seguridad. De todos modos, Demichelis jugó en un contexto más favorable, dentro de un equipo más ordenado por las entradas de Biglia y de Lavezzi, que cambiaron el dibujo táctico. Así es más fácil jugar de dos.

18- Rodrigo Palacio: nunca más.

19- Ricky Álvarez: nunca lo vi jugar en el Inter, no sé cómo juega, entró un rato por Messi contra Nigeria y el equipo se derrumbó. Más mérito de Messi que defecto del pobre Ricky.

20- Sergio Agüero: otro que llegó en mal estado y no pudo demostrar lo que sabe. No le recuerdo una sola acción destacada en todos los partidos que jugó. Pero no nos quedemos con un momento, es uno de los diez mejores delanteros del mundo, así que tiene que estar. Para revisar en las estadísticas: la caída en desgracia de todos los jugadores que usaron los botines de distinto color.

21- Mariano Andújar: clave en la dinámica del grupo. Balón de Oro para él.

22- Ezequiel Lavezzi: el primer tiempo de la final fue de lo mejor que mostró en el mundial. Durante todo el torneo corrió mucho, su entrada y el respectivo cambio de posiciones formaron el equipo que logró llegar a la final. Aportó marca, despliegue, humor, polémicas y seguidoras para la Selección.

23- José Basanta: bien José, reemplazó a Rojo contra Bélgica y cumplió, aunque sin la gracia de Marquitos.

Alejandro Sabella: agarró a una selección triste y sin alma, que venía de quedar eliminada en la Copa América de local, la convirtió en un equipo y la llevó a la final del mundo. Si quieren objetar que llegamos a la final habiendo jugado con casi nadie, adelante. Yo no lo voy a hacer.

Este equipo se basaba en la potencia de cuatro jugadores que llegaron en mala forma. Agüero e Higuaín recuperados a medias de sus lesiones, Di María con siete mil partidos encima y Messi más descansado que nunca, pero en uno de sus peores años deportivos.

Por eso o porque no es lo mismo tener enfrente a Perú que a Alemania, en el Mundial la Selección cambió su forma de jugar. En especial a partir de cuartos. Es muy poco tiempo para cambiar tanto, y este equipo cambió mucho y lo hizo bien. Mucho mérito de Sabella, que además tuvo otro: respaldó a jugadores cuestionados que, a la hora de los bifes, respondieron con altura.

Tras un comienzo dubitativo, con esa línea de cinco que duró solo un tiempo, tuvo que volver al viejo 4-3-3 de las Eliminatorias. Después, la lesión de Agüero le permitió llevar al equipo hacia una versión más equilibrada, más cercana a su gusto. Para eso, tuvo que recurrir a un engaño: en lugar del Kun incluyó a Lavezzi en la alineación, pero jugando de carrilero. Así, mantenía contento a Messi, que creía jugar con tres delanteros, y el equipo ganaba en seguridad defensiva.

Esa formación es la que consiguió llegar a la final, que se perdió más por errores de los jugadores que del técnico. Quizás los errores del técnico estuvieran en el armado de la lista. Pero qué te puedo decir, volvimos a jugar una final. Gracias, jugadores. Gracias, Sabella.

En cualquier caso, parece que el técnico ya no seguiría. ¿Saben quién está sin laburo?


Critiquemos a Messi para sentirnos mejor

Por Leandro Marques

No rindió. Jugó poco. Le faltó protagonismo. No tuvo liderazgo. No estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. No tuvo su partido. No tuvo su Mundial. No apareció cuando se lo necesitaba. No obtuvo la gloria.

En el marco del facilismo habitual que suelen experimentar muchos hinchas y periodistas argentinos, la derrota en la final es una excelente excusa para, a través de la crítica al indiscutible mejor jugador del mundo en la actualidad, hablar de las propias miserias, tristezas, frustraciones.


No rindió

Son varias las argumentaciones que se intentan esbozar para justificar la idea de que Messi no rindió en Brasil 2014. La primera tiene que ver con su descripción de jugador lagunero, o jugador de ráfagas, que aparece cuantitativamente en pocas ocasionales durante el transcurso de los noventa minutos. La segunda se vincula con la imperiosa necesidad, tal vez producto del propio terror que atraviesa a sus críticos, de pedir/exigir a Messi un rol que no formó parte de sus atributos ni siquiera en sus mejores momentos.

Ambas posturas, creo yo, van mucho más a la mano de la inestable psicología y condición anímica de los evaluadores (hinchas, periodistas), que de una realidad concreta que describa el accionar del jugador en un campo de fútbol. No hay dudas de que si Messi tuviera más tiempo la pelota uno se sentiría más seguro, o al menos más ilusionado. Cuando la tiene Messi florece una percepción única: aunque sea en mitad de cancha, es peligro de gol. Pero aceptémoslo de una vez por todas: por el desgaste físico que le demanda cada jugada (dentro de un esquema táctico como el que planteó esta selección, y que no nos proponemos discutir en estas líneas) , no podría ni aunque se lo propusiera ser el protagonista y conductor de cada uno de los avances de su equipo.

Messi necesita irse para volver. Necesita de la distracción para aparecer y lastimar. Para desequilibrar necesita de la sorpresa. Y necesita espacio. Y necesita que la sistemática marca escalonada de hasta cuatro defensores que suelen proponerle los rivales baje la guardia. Y necesita compañía, tener interlocutores cerca, aunque más no sea para usarlos de falsa pared que le permita dibujar recorridos inimaginables con la pelota en sus pies.

Cada actuación de Messi es salvajemente evaluada y comparada con dos competidores complejos, con los que es casi imposible no encontrarse en desventaja: uno es él mismo, el propio Messi en su mejor momento (el de un hat trick por partido). Y el otro, por supuesto, es Diego Maradona, pero, coincido con algo que escuché por ahí, no con el Diego promedio a lo largo de su carrera sino con el Diego único e irrepetible hasta para sí mismo del Mundial 86.

Algo así como lo que nos pasa en general a los argentinos con Argentina, eso de creernos mejores de lo que en verdad somos, nos sucede con Messi. La diferencia es que, si bien estoy seguro de que Messi es tan bueno como pensamos, Messi no es todo lo que quisiéramos que sea. Porque justamos lo que quisiéramos es que Messi lo fuera TODO. ¿Eso es problema de Messi? Messi no es, ni puede ser, el responsable de cumplir nuestros sueños, de salvarnos siempre las papas, de hacer nuestra vida mejor, de concretar lo que nuestros guiones mentales hollywoodenses planearon. Messi usa uniforme, pero no es un superhéroe. Pusimos a Messi, por nuestras propias angustias, por nuestros propios anhelos, por nuestros propios deseos, en un lugar inverosímil, irreal. Un lugar que no existe, y en el que él nunca estuvo, por cierto.

Este mismo redactor escribió hace unos días que Argentina podía ganar la copa si aparecía el “efecto milagro”, directamente relacionado con una actuación descollante de Messi. Esta lección que nos dio Alemania con su juego en equipo, pero que también nos regaló Argentina, casi inesperadamente, con Sabella, Mascherano y el propio Messi, espero que nos sirva para aprender. No esperemos más milagros ni sucesos mágicos extraordinarios. La magia nunca aparece cuando estamos tan pendientes, mirando y esperando con total atención, la magia llega justo en el momento en que no la esperamos. Esperemos respuestas colectivas, esperemos funcionamiento, esperemos paredes, esperemos mejor fútbol. Construyamos el mejor marco para que las increíbles destrezas de los mejores jugadores pueda ser liberada. Sería mucho más honesto y realista apostar por eso que dejar todo librado al liviano y cómodo territorio del cómo nos gustaría que fueran las cosas. Qué fácil la nuestra, ¿no?: que un tipo no humano se disfrace de jugador de fútbol, amague a todos los rivales y nos haga ganar los campeonatos del mundo.


La gloria

Lo peor y lo mejor que nos pasó a los argentinos futboleros fue Maradona. Él representa la encarnación del milagro. Él nos hizo creer que los milagros nos parecieran, con el estadio Azteca como escenario, sucesos normales y ordinarios. Y sin meterme en el terreno de las odiosas comparaciones, ese Maradona, ese equipo campeón del mundo, logró que más de la mitad de sus jugadores jugaran a la altura de su potencial, o mejor todavía, tuvieran desempeños superiores al que tuvieron al resto de sus carreras deportivas. Además del propio Diego, Brown nunca en su vida jugó lo que en México, tampoco el Negro Enrique, Olarticoechea, Valdano, Giusti o Cucciuffo.

Es verdad que este equipo de Sabella logró que varios superaran lo que se esperaba de ellos, desde Garay, Rojo, Biglia o Romero, hasta el mismo Mascherano. Los defensores se ocuparon y muy bien de corregir todos los defectos que le asignábamos al equipo antes de que empezara el certamen. Pero los que ganan los partidos son los delanteros, y ya vimos lo que pasó con las figuras de arriba. Agüero fue lamentable, seguramente con la excusa de sus lesiones. Higuaín tiene pasta, pero es el nueve y metió un gol en seis partidos y medio: y mejor no hablemos del gol que se perdió en la final. Palacio, desde mi punto de vista personal, sí rindió como esperaba, porque la verdad es que no aguardaba casi nada de un jugador que llegó en su carrera mucho más lejos de lo que podía imaginarse a partir de sus atributos técnicos y sobre todo, su timorata personalidad. Lavezzi, convertido en volante, corrió mucho y nunca terminó bien nada de lo que empezó, no convirtió, y en el partido que vivió con más confianza, salió reemplazado al terminar el primer tiempo.

¿Y Messi? Para terminar la comparación quiero decir que, como saldo, Maradona del 86 encontró en sus compañeros aliados mucho más productivos y valiosos que los que tuvo nuestro diez actual en este campeonato. Analizando en detalle, fue concretamente determinante, por sus acciones, en los cuatro primeros partidos. Con Bélgica jugó un buen encuentro y participó de la jugada del único gol. Con Holanda estuvo muy bien marcado, pero no jugó mal y se plantó con los huevos + talento de capitán futbolístico de este equipo para meter con tremenda calidad el primer disparo de la definición. En el partido contra Alemania tuvo participaciones decisivas que no terminaron de la manera anhelada: un par de desbordes sobre la derecha, un pase hermoso a Lavezzi que culminó con un gol anulado, un mano a mano que rozó el palo. ¿Fue su mejor partido? No. ¿Fue un mal partido? No, tampoco. Pero es Messi, y todos esperábamos más de él, porque queríamos salvarnos nosotros, porque creíamos que él podía hacerlo.

No nos confundamos, en un mundial no participan solo los jugadores. Cada uno del resto de las personas juega su partido desde el lugar que le toque ocupar. Salir campeón es la propia gloria, el propio orgullo, la propia alegría. Uno se apropia de forma egoísta de una consagración de este tipo: la vuelve suya. Esos hinchas, esos periodistas, lo que sienten, casi como niños encaprichados, es que Messi no fue capaz de conseguir para ellos (no les importa que tampoco lo haya conseguido para él mismo) ese pedacito de gloria que les hubiera correspondido de haber salido Argentina campeón. Yo los entiendo. También me siento mortalmente triste. Duele como la mierda esta derrota. No haber dado la vuelta en Brasil. Yo también tenía en mi estúpido guión con final feliz la imagen de Messi haciendo dos goles y levantando la copa. Es nuestro mejor jugador, el mejor del mundo, cómo no íbamos a tener esa ilusión. Pero no nos confundamos. Era mi sueño, mi historia, lo que yo quería que sucediera (y en ese yo se engloba la aspiración que tenía todo un país). Para Messi, que sin dudas también sueña, pero sobre todo juega, la cosa es mucho más simple, él va, se tira un vómito en pleno partido, juega como los dioses, hace los goles. Después nosotros armamos el personaje, lo completamos como nos gustaría, y usamos el tiempo para inventarle adjetivos, buscarle records para romper, compararlo con los mejores de la historia. Le pedimos que lo haga todo por nosotros. Todo. Él solito. Esperemos que a partir de esta derrota haya cambiado algo en Argentina. Por lo menos los guionistas.

13 julio 2014

Martin, mudanza, mundial, mate y Mascherano

Por Lucas M.



Es común que se diga que las mudanzas están dentro de las actividades más estresantes para las personas. Se lo puede leer en notas pseudocientíficas o escuchar en alguna charla que involucre el tema mudanza. Según esos artículos de "salud mental", otras situaciones de alto voltaje emotivo son perder a un ser querido, perder el empleo o las separaciones o divorcios. Este Mundial diría que también lo son patear penales en instancias definitivas.

Podemos estar un poco de acuerdo en que es cierto, mudarse es fuerte: ordenar y filtrar lo acumulado, repasar en las pertenencias el camino recorrido, ordenar y embalar, limpiar el polvo, tirar basura (darse cuenta de cuanto nos gusta la basura), pedirle cajas al chino, pelearse con el chino, nunca calcular bien l
a cantidad de cinta necesaria, comprar más cinta, y no menos importante, despedirse de un espacio vital y proyectarse en uno nuevo. En suma, reflexionar sobre la vida y la muerte.

Entonces, mudarse genera tensión y nervios…


¿Más o menos tensión que durante el partido de Argentina con Holanda? ¿Más o menos nervios que jugarse el pase a la Final del puto Mundo por penales? 

Después de 24 años, muchos como nosotros, una improbable franja de entre un poco menos de 30 y un poco más de 40 años (es importante en el periodismo aportar datos concretos y fehacientemente comprobados), están viviendo a elevada consciencia y emotividad el hecho de que Argentina vuelva a vivir una Final de Mundial como protagonistas. Y sucede en Brasil. Pinchate el brazo. Es así. Seis partidos pasaron para que esto suceda.

Las imágenes más épicas de otros Mundiales a-siete-partidos que proliferan en la TV e Internet, y que fueron intensificadas en los meses inmediatos y durante Brasil 2014, sumadas a una proyección optimista que se podía llegar hacer antes del comienzo del actual y a una afición desmedida por lo dramático nos llevó a hacer declaraciones del tipo: “hoy no soportaría una definición de Cuartos por penales como la del 90”, “me muero”, “este Mundial lo veo a base de barbitúricos”, “la Final no la veo”, "si perdemos me la corto", etc.

Hoy sabemos que ya sobrevivimos a un tiempo extra y penales en una Semifinal. Lo hicimos porque en Octavos tuvimos que esperar al minuto 117 (WTF!) para ganarle a Suiza y en Cuartos tuvimos 82 minutos de férrea defensa de la tempranera ventaja conseguida. Y llegamos a esa instancia porque en la zona de grupos nos fuimos preparando: jugamos el peor primer tiempo en lustros -¿no fueron esos 45 minutos el peor sufrimiento de todo el Mundial?-, le ganamos apenas a Irán en el minuto 92 y soportamos treinta minutos de un partido sin Messi.

“Vamos a sufrir”. Ahí sí que no hubo exageración anticipatoria. Sufrimos. Seis partidos seguidos sufrimos. Un poco más un poco menos, pero la sensación fue de “trabajar” los partidos. Los días entre cada uno de ellos entrenamos los nervios del próximo encuentro. Nos mancomunamos con los jugadores en su difícil tarea. Nosotros les tiramos el fardo, la presión de redimirnos (“No es un equipo, es un país”, reza el lema mundialista de nuestra selección), un poco tenemos que hacernos cargo. No iba a ser cosa que veamos un partido relajados. ¿Por qué íbamos a gozar de notables exhibiciones de fútbol ofensivo y lírico, de resultados holgados? No hubiese sido acorde con nuestra propia vida y país. Como dice el tango "Romero en flor": “primero hay que saber sufrir..."


No contentos con ello también nos involucramos con otros equipos, jugadores y naciones. No hay necesidad de sufrir con ellos pero lo hicimos. Con la definición de Brasil y Chile, la despedida de Uruguay, la derrota mexicana en el último minuto, con la aparente decadencia –sin pasar por la etapa de gloria- de los equipos africanos, con nobles jugadores que se retiran por la ventana como Pirlo y Buffon, con propuestas de buen fútbol como Inglaterra que se despiden sin triunfos. 

Amamos los mundiales. Todo de ellos. Nos permiten armar pequeños fanatismos, odios, dramas y simpatías. Conocer banderas y nombres. Gritar casi todos los goles. Nos dan buen material para reciclar en los años venideros: chistes, chismes, historias, estadísticas, fotos, goles, jugadas y recuerdos. Si se tiene mucha suerte un poco de gloria y alegría. Esta vez (una vez más, hay que estar agradecidos) nos tocó a nosotros. 

Demencia

Exorcizamos al Diego del 94, perdonamos al Burrito del 98, abrazamos a Marcelo del 2002 y a José del 2006, nos amigamos con el Maradona DT –Romero, Demichelis, Mascherano, Di María, Messi, Higuaín fueron sus titulares- del 2010. Estas pesadas mochilas las cargaron los jugadores y los boludos como nosotros que se emocionan de verdad con el fútbol. 

Todo esto tuvo su precio: tensión, nervios, pequeñas batallas domésticas-conyugales, contracturas y sufrimiento futbolero .

Entonces, a las comunes listas de las situaciones más estresantes le podríamos agregar la de llegar a la final del Mundial con un equipo que aprieta los resultados al mínimo.

Por suerte a nadie se le ocurriría armar una mudanza durante un mundial como este. 

Menos que menos una persona que además no tiene trabajo.

No habría corazón y psiquis que aguante.



...no, no, nadie sería tan inconsciente.


11 julio 2014

Rojofacts

Por Andrés Demichelis

- Marcos Rojo, en ayunas, come kiwi y toma mate y no va al baño en todo el día.
- Marcos Rojo sube al bondi y él le pregunta al chofer hasta dónde va.
- Marcos Rojo se mete al pasadizo de John Malkovich y ve muchos Marcos Rojo diciendo: Rojo, rojo, rojo…
- Marcos Rojo juega los 120 minutos y sigue corriendo en el vestuario.
- Marcos Rojo va a la cancha de Gimnasia de la Plata y todo re bien.
- Marcos Rojo le dice a su abuela: regio, qué plato…
- Marcos Rojo alquila un departamento y la inmobiliaria le cobra sólo un mes de comisión.
- Marcos Rojo tiene sexo sin protección y puede que no deje embarazada a la muchacha.
- Marcos Rojo viaja en el Sarmiento y el tren no descarrila.
- Marcos Rojo va a un kiosco que no cargan Sube y le dicen que ahí no cargan Sube.
- Marcos Rojo busca su video de la rabona en youtube y lo encuentra fácil.
- Marcos Rojo lee esta nota y piensa que es exagerada.

Hipótesis de una final

La lógica alemana vs los héroes argentinos

Por Leandro Marques

Para Argentina, no es secreto, el fútbol es mucho más que una pelota sobre el pasto y 22 tipos corriendo detrás de ella. Sobre todo a partir de sus triunfos mundialistas, el fútbol está relacionado con sucesos heroicos, milagrosos, mágicos, extraordinarios.

Ese gol del matador Kempes en la final del 78 a los holandeses, luchando contra todos los de naranja y metiendo la planchita para que la pelota cruce la raya de gol, o ese palo salvador antes del final del partido. O aquella acción del goleador contra Polonia, atajando a lo Suárez el tiro al gol de un polaco, que luego, Fillol terminó de justificar con la contención del penal. Ni hablar del imponente Maradona del 86. Un Diego que jugó bien todos los partidos, brilló como nunca en los definitorios cuartos de final contra Inglaterra, en la semi con Bélgica, y muy bien marcado, tuvo la extraterrestre lucidez de meterle el pase gol a Burruchaga cuando se pudría todo con la remontada alemana.


Ganar un partido por penales, casi por definición, implica necesariamente la participación positiva del arquero en el equipo triunfador. Me animo a contradecir tímidamente a Mascherano y su estimulante “hoy te convertís en héroe” a Romero. El arquero fue determinante en el pase a la final, no hay dudas. Pero héroe (además del Diego con sus puteadas a los tanos, el tobillo roto y la apilada contra los brasileros) fue Goycochea, que ganó no una sino dos series seguidas, en cuartos y semifinales de Italia 90 gracias a sus atajadas en los penales. No es desvalorizar a Romero, fue la gran figura, tapa de todos los diarios, pero para mí, en todo caso, es figura preponderante de un partido y no de una copa del mundo entera.


Desde su fase de eliminación directa, cuando empieza el verdadero mundial, este campeonato estuvo dominado por la más pura y matemática lógica. Que no nos confundan los fantásticos partidos de la primera ronda, ni la cantidad de goles, ni las posturas ofensivas de muchos equipos, ni las sorpresivas eliminaciones de grandes como Italia, España o Inglaterra. Desde octavos de final vimos partidos parejos y cerrados, y ahí lo previsible resaltó como excluyente dominador.

En octavos, hecho inédito: los ocho primeros le ganaron a los ocho segundos. En cuartos, los poderosos y favoritos vencieron el buen juego colombiano, la sensación belga, la fineza francesa y la sorpresa costarricense. En semis, duelos de gigantes, los mejores les ganaron a los locales. Brasil merecía perder de la manera que perdió no solamente por lo bien que jugó Alemania; casi más bochornosa que esa derrota fue la triste imagen que entregaron los mediocres jugadores brasileños tirando la pelota furiosamente a cualquier lado cuando todavía faltaban veinte minutos de partido contra los colombianos. Esa fue una de las más inesperadas traiciones que me ha entregado el fútbol: Brasil desbordada de nervios, de presión y de miedo pretendiendo ganar odiando a la pelota, queriéndola lo más lejos posible en lugar de bien cerquita, en los pies de sus jugadores, como la quiso siempre.

Pensemos en Argentina. Siendo fiel a la lógica predominante de este mundial, fue siempre más que todos los rivales que enfrentó y les ganó. Nunca le sobró nada. Pero en términos de merecimientos, no se pueden discutir sus triunfos con Bosnia, Nigeria, Irán, Suiza y Bélgica. Siempre quiso más que ellos y hasta en sus peores demostraciones los resultados que obtuvo son inobjetables. Podemos hablar de la buena fortuna en el sorteo: no le tocó jugar con equipos verdaderamente fuertes hasta la semifinal, y además no tuvo que viajar tanto, perder energía yendo de una punta a la otra ni agotarse con las temperaturas asfixiantes del norte brasileño. Bélgica es un buen equipo, pero demasiado joven, y sin el peso de la historia: estaban conformes con haber llegado a cuartos y perdido dignamente. Y Holanda, un equipo de los fuertes de verdad, carga con el estigma del pecho congelado, siempre les falta la puntada de carácter y corazón que requieren desafíos de esta naturaleza. Estoy convencido de que España, otro equipo de gran fútbol pero fortaleza anímica dudosa, solamente puedo salir campeón del mundo en Sudáfrica porque tuvo enfrente al único equipo con menos corazón y huevos que ellos, los anaranjados del invisible Van Persie.


Para llegar a la final, Argentina hizo siempre lo que tenía que hacer. Aparecieron, confirmando las premoniciones de la lógica, Messi, Di María, Higuaín, en ese orden. Romero fue clave. Mascherano estuvo siempre. Ganó cinco partidos, todos por diferencia de un gol. Empató el restante, que gracias a Chiquito derivó con los de Sabella en la final. En el encuentro definitorio espera la gran Alemania, que salió primera en el grupo más difícil de la fase inicial, que enfrentó a tres selecciones poderosas y les ganó con claridad o por goleada, y se codea con la lógica como casi siempre. Meten miedo.

Pero ahora todo se reduce a un partido. Si el trayecto de la final se sintoniza con la tónica que recorrió el mundial desde octavos, la máquina alemana debería llevarse el triunfo en la final. Si Alemania ganara el domingo, confirmaría otra lógica además de la propia del certamen. Confirmaría, con la que sería su tercera victoria en mundiales consecutivos, que nos tiene de hijos y que son mejores, inalcanzables para nosotros. A esta Argentina, que vuelve a llegar lejos en un mundial, todavía le falta la gesta heroica, le falta el milagro ridículamente increíble. Falta el momento épico. Sin ese instante alucinante, de ciencia ficción, que roce lo absurdo, Argentina no es Argentina y no creo que salga campeón. Porque vivimos de eso. Porque somos eso. No somos ganar sin sufrir, 3 a 0, gracias a una manifestación sobresaliente de fútbol colectivo. Imposible. Ahora, que todo se reduce a un partido, pienso que si manda la lógica, gana Alemania. Y si aparece alguna acción que pueda incluirse dentro del orden de lo impensado (tradúzcase, por ejemplo, una actuación descollante de Messi), creo que podemos gritar campeón. En definitiva no me parecería tan ilógico si eso sucediera.


10 julio 2014

Jugador al Cuadrado VI. Argentina vs Holanda

Por Lucas M.


Romero: tanta confianza depositada dio sus frutos. Sin errores durante un partido (in)tenso como pocos que se recuerden: despejó fuerte con los puños, reventó las que había que sacar -pelotas aún más complicadas con la lluvia-, controló sin dar rebote la única que patearon. Por tercer partido seguido mantuvo el arco en cero. En lo penales se vistió de crack -ya estaba, con su buzo amarillo y violeta, ganando la batalla al “yetismo”- y atajó el más importante y desmoralizador de todos, el primero. El penal parado a Sneijder fue otra joya. "De un Sergio a otro Sergio" dijo un periodista. Tras 24 años, Goycochea puede dejar descansar sus guantes. Un 10. 


Zabaleta: el Mascherano bis. Durante varios partidos la confusión fue habitual. Ver a un pelado cortando y metiendo, pensar que podía ser el del City y resultaba el del Barcelona. Hoy ya no hubo confusión, quien pasaba por el costado derecho se encontraba una muralla. Las imágenes finales, cayendo desplomado, los minutos de atención, la servilleta en la boca decoran una actuación corajuda y necesaria. Cuando llegue y ataque con profundidad es porque volvimos a ver un partido de la Premier. Un 8.

Demichelis: el jugador zen. El más veterano del once titular dio cátedra de concentración, presencia y timing. De la lentitud exasperante del Sudáfrica 2010 pasó a ser un dandy de la posición, en el lugar indicado en el momento indicado. Sólo perdió en una donde Robben logró controlar una pelota y el debió cortar con falta. Bien en las entregas al compañero. Perfecta mancomunión con Garay. Un 8.



Garay: el mejor partido de un central argentino del que tenga memoria. Al nivel de un Ayala contra Alemania en el 2006 (”tuyo, tuyo”). No se equivocó prácticamente en ningún corte o anticipo, no cedió faltas y sacó absolutamente todo de cabeza. Despejó una pelota con un botín en la mano. Una vez más no estuvo afortunado en el arco contrario, esta vez tuvo una especie de palomita que cabeceó con la tapa de los sesos. Pero le queda un partido más. Eso sí, nos regaló un penal a-lo-Batistuta que lo terminó de colocar entre los mejores centrales del Mundial. Un 9.


Rojo: ¿realmente Sabella sabía que Rojo podía rendir así? Prestancia, autoridad y destellos de clase y calidad para jugar. Muy sólido y concentrado en la marca, ahora que sabemos que le podemos exigir un poco más se le puede criticar haber apurado situaciones ofensivas potencialmente peligrosas, como el centro pasado a Higuaín sobre el final del primer tiempo. Al borde del calambre fue y trabó todas las pelotas que le pasaron cerca. Un 8. 

Biglia: apareció donde no podía estar Mascherano, que aún no desarrolló la facultad de la teletransportación. Jugó de “cinco”, marcando, presionando y pasando la pelota al compañero. Si quedaba una dividida, una segunda pelota, Biglia estaba para capturarla. Siempre atento a esos rebotes, a ayudar al compañero en desventaja. Y puso la pierna incluso jugándose el físico. Sin Gago en cancha se perdió esa posibilidad de un pase ofensivo que lo encuentre a Messi en posición favorable, pero se ganó en orden defensivo y concentración durante 120 minutos. Que bueno sería tener las dos cosas. Un 8. 


Mascherano: Man of the Century. Qué fácil sería para quienes hacemos el blog vanagloriarnos de la temprana idolatría futbolística que sentimos por este jugador. Admiración que se fue consolidando a partir de la manifestación de cualidades que consideramos fundamentales para la hombría de bien y de las cuales carecemos: nobleza, talento, bonhomía, liderazgo positivo, humildad, trabajo, compañerismo, pundonor, recuperación a las adversidades, don de mando, voz de mando, sacrificio en pos del bien común, super inteligencia, buena dicción, velocidad, intensidad en la marca, superación constante, inmunización al dolor físico, rayos X, resistencia a la fuerza de gravedad, esqueleto de adamantio, entre otras. Sabemos que en este momento gran parte de país está descubriendo estas virtudes y entronando un nuevo Héroe. Sin embargo, como Nación tenemos la costumbre de destruir los monumentos levantados, ya vendrá entonces el revisionismo que discutirá el liderazgo de Javier Alejandro o los pelotudos que sostendrán que es muy bajito para jugar de central. Cuando ese momento llegue, acá estaremos, sus mazorqueros, sus muchachos para la Liberación, su Liga de la Justicia, sus amigos, sus compañeros, para lo que guste mandar. 

Estoy viendo la repetición. Minuto 31, Mascherano intenta salir con un pase cruzado a media altura que es interceptado por Van Persie. El delantero holandés comanda el ataque, Mascherano lo corre, le gana la posición, le cruza la pierna, le roba la pelota, gira, se reincorpora, levanta la cabeza, encuentra a un compañero y asegura el pase. Todo lo bueno potenciado, todo lo malo corregido. Mascherano metió el único gol del partido al robarle el gol a Robben en el último minuto de los 90 reglamentarios. Lo corrió, se anticipó a la jugada, al error de sus compañeros y lo tapó justo. Ayer jugó entre los dos centrales, iniciando las jugadas, pidiendo todas las pelotas, ordenando cada una de las acciones del equipo, arengando a sus compañeros, explicándole al árbitro dos o tres cositas. Mascherano le mostró a todos porqué es el mejor mediocampista defensivo del Mundo y el hombre más emocionante de este deporte. Un 10. 



Lavezzi: cada vez más Ezequiel Lavezzi y menos “Pocho”. Convertido en volante mixto, este jugador demuestra la enjundia de un Tevez y el coraje de un Simeone para marcar y morder, pero las incursiones ofensivas de un Gustavo Oberman. Ordenado y obediente en tareas defensivas, sin pólvora para atacar y hacer daño a las defensas contrarias. El dilema de este equipo concentrado en un jugador. Tiene el potencial para hacer las dos cosas, por el momento hace una. Vamos que falta un partido. Un 7. 

Enzo Pérez: fue el jugador más picante del equipo. Tuvo unos primeros 20/30 minutos que invitaron a pensar que nos comíamos crudos a los holandeses a puro fútbol. Luego el trámite del partido pausó las cosas y nos llevó al duelo de ajedrez. En ese tablero, Enzo Pérez (imposible decirle solo “Pérez”) fue el único alfil que desprendió Argentina para cruzar las líneas rivales. No fueron muchas incursiones, tampoco terminaron en ocasiones muy claras de gol (una sí: el centro a Higuaín que la toca a la red y unos cuantos millones gritaron gol mientras el resto los miraban incrédulos) pero se notaba que su presencia podía inquietar, podía sumarle caudal a un árido Messi y juntos crear algún ataque incisivo. Cada partido jugó un poco mejor, ahora viene Alemania. Un 8. 



Messi: probablemente su peor partido en el Mundial. En un evidente estado físico de agotamiento, no tuvo explosión para salir de la marca asfixiante que le propuso Holanda. En el duelo personal con De Jong a veces salió airoso, con el central perdió casi siempre, en la mejor de todas, en el minuto 116, lo sacó a pasear y metió un centro perfecto para Maxi. Tuvo un buen primer tiempo con mucha movilidad, ejecutó un tiro libre potente a las manos del arquero, en el segundo tuvo un par de malos centros con pelota parada. Con el ingreso de los dos delanteros frescos se replegó a la mitad de la cancha para hacerles espacio e intentar armar una contra. A pesar de todo su sola presencia justifica ver un partido de fútbol con interés a la espera que algo mágico suceda, a veces es un pase, un desmarque, una gambeta, una corrida, un tiro libre, un gol, un pase gol, dos goles, dos pases gol, un grito, una sonrisa, un 10 en la camiseta. Es el único jugador de arriba que jugó todos los minutos de la etapa definitoria, 330 minutos. El resto terminó sin piernas. Imaginen como estará él. Ya van tres partidos sin meter un gol, no creo que tenga ganas de seguir la sequía por un cuarto. 

La tanda de penales se juega de a dos. Arquero y pateador del mismo equipo forman un tándem. Si el jugador erra el suyo el arquero tiene que defender el arco. Si el arquero ataja, el jugador tiene que convertir para asegurar la ventaja. Romero ayer atajó el penal más importante, el primero, y allí fue Messi a darnos la ventaja. Lo pateó con tanta tranquilidad que en ese momento uno sabía que la serie estaba ganada. Un 7. 



Higuaín: aguantando casi solo el ataque argentino. Comandó además la primera presión del equipo, lo fue a buscar al arquero y a los centrales varias veces, pero como el equipo no presionaba sino en mitad de cancha estas acciones parecian la quijotada de un loco. Algo para corregir, no se lo puede hacer correr al pedo. Mejor que espere junto a Messi en el círculo central, del lado contrario y ahí morder junto a los volantes laterales. A pesar de este desgaste se las arregló para generar peligro y jugar al fútbol con sus habituales destellos de calidad. Con Alemania tiene que volver a conectar con Messi, salir y entrar al área, eso que hace muy bien, no meterse entre los centrales, y embocar la oportunidad que tenga. Claro, lo digo así y parece fácil. Pues no lo es. Pero el Pipa es grande. Un 7. 


Agüero: le costó mucho hacer pie en el partido. Después declaró que en las primeras pelotas iba con algo de cagazo por la lesión. Todos los que hemos jugado a este nivel sabemos que eso es cierto. Sabemos –le pasó también al Pipa- que necesita fútbol y confianza para hacer lo que mejor sabe. Ayer jugó 40 minutos. No fueron buenos 40 minutos, pero seguro que le servirán para llegar mejor al domingo donde tendrá otra oportunidad de meter un gol histórico. Bien por el penal.

Palacio: el peor jugador que tiene este plantel. Ninguna virtud en cancha. Su ingreso le bajó la jerarquía al equipo. Atolondrado en la mejor posibilidad de gol del partido, livianito en cada pelota que disputó, cero control, cero pausa, cero asociación. Calculamos que el cuerpo técnico tomó nota, después de dos partidos pésimos, que no está en condiciones de jugar a este nivel. Mejor probar con Ricky Álvarez, Augusto o incluso Andujar u Orion. Por lo menos no se resbaló, y eso que estaba lloviendo. 



Maxi Rodríguez: lo queremos y respetamos, pero no debería jugar más de cinco minutos ante Alemania. Sin la velocidad ni el despliegue ni la potencia que podía tener en el 2006 (en el 2010 ya era este jugador disminuido) su ingreso se justificó sólo porque Lavezzi estaba fundido y había que tapar el hueco. Tuvo una para hacer eso-que-sabe, después de la mejor jugada de Messi del partido, y le pegó sin confianza con el suplemento Campo de La Nación. Metió el último penal y eso tiene mucho mérito.


08 julio 2014

Que la alegría sea brasilera

Por Lucas M. 

                                        


América, Latinoamérica y Sudamérica son inexpugnables para los europeos...

Por lo menos en lo futbolístico... Está bien, al menos en lo que a mundiales se refiere. Sabemos que futbolísticamente hablando estamos colonizados por la forma europea de ver y organizar este deporte. Con nuestras costumbres y color local claro, pero lo que prima es la mirada puesta en Europa. Es ahí donde se van nuestros mejores talentos. Y ni siquiera eso, nuestros mejores proyectos de talentos. Tampoco conformes, cada vez más se llevan hasta nuestros proyectos de "baldoseros".

Los trotamundos del balón son atraídos por ligas ignotas como la Liga I (de Rumania) o la Liga Premier de Ucrania. O las segundas divisiones de estos países. El punto es que Europa se lleva lo mejor y lo menos malo de nuestro fútbol. Crean, con la invaluable colaboración de las dirigencias y clubes locales, asistidos por los grupos empresarios, los representantes, la prensa canalla y los hinchas apáticos, un círculo vicioso que despoja estas tierras de su fruto, dejándonos sólo la sequedad del terreno arrasado para a duras penas disfrutar un domingo (o sábado, o viernes, o lunes, o martes, o miércoles, o jueves).

¡Pero con los Mundiales no se jode!

Bah, también se jode. Habría que preguntarles a los habitantes de Belo Horizonte a los que se les cayó encima un pedazo de autopista. O a todos los trabajadores y estudiantes brasileños que protestan hace meses, años, en contra de los gastos que generó la organización de la Copa -y los futuros JJOO-. Fondos que, en su enorme mayoría, provienen de las arcas del Estado Federal brasileño. La FIFA y los sponsors (im)ponen las condiciones y a las naciones organizadoras no les queda otra que acatar. O sí. No hacer los mundiales. Sudáfrica fue otro caso de vergonzosa entrega de recursos a la multinacional. Recuerdo al estadio Soccer City, donde se jugó la Final, construido al lado de la precaria y gigantesca población conocida como Soweto. O el despropósito del Peter Mokaba en Polokwane, donde Argentina le ganó a Grecia con goles de Demichelis y Palermo, cuya capacidad podía albergar casi la tercera parte de la población de la ciudad. 

                                       

Se entiende que organizar un Mundial es un gran desafío, hasta un orgullo, para una Nación. Demanda esfuerzos de todo tipo y, en determinados casos, puede redundar en beneficios concretos para la población local: reformas del transporte público, infraestructura vial, aeroportuaria, servicios públicos, fomento de la industrias turísticas, entre otras (estos son justamente los argumentos oficiales para avanzar con el proyecto). Sin embargo la inversión es infinitamente mayor a la necesaria para concretar tales avances, o la orientación de los fondos no responde a las necesidades de la población residente sino al maquillaje para las tres semanas en que tal o cual ciudad estará en el candelero global. Después del pitazo final el saldo deja cuentas públicas en rojo, elefantes blancos y, la más invisible, marcas de la represión y censura en los cuerpos discordantes. 

Los datos hablan de Brasil 2014 como la Copa más cara de la historia. Alrededor de 11 mil millones de euros, cuando originalmente se pensaba gastar la cuarta parte. Similar fue la historia en Sudáfrica 2010. En Rusia 2018 y Qatar 2022, es fácil suponer, estos valores subirán hasta el cielo. Los mundiales en el Primer Mundo dejaron de ser negocio. 

Los miles de afortunados que viajaron y se embriagaron en tierras brasileñas volverán a sus hogares con exóticas historias que serán la envidia de familia y amigos, la resaca la sufrirán quienes se quedan en las tierras de Pelé y Romario. Los millones de televidentes worldwide habrán gozado de un gran espectáculo: notables estadios y entornos, excelentes imágenes HD, el color de las camisetas y tribunas, buenos partidos, mejores goles. El costo de todo esto no los tocará en lo más mínimo. Aunque, el éxito descomunal del Circo da más argumentos al César de mantener intacto el status quo: la tajada siempre es para el mismo león. El resto come sobras, como nuestro fútbol de cada día. 

                                                    

El punto es que, como participantes -mas o menos pasivos- de este show, le debemos al menos gratitud al pueblo que, a costa de suplir de mejor manera ciertas necesidades estructurales, nos invitó a la casa y pagó el banquete. Es de buen gusto y mejores modales. Que yo sepa el Mundial no lo organizó Alemania ni lo pagaron ciudadanos alemanes. Y cuando viajamos a Brasil no nos piden Visa o Pasaporte, ni conozco muchos países que se refieran a nosotros como "hermanos". 

Por eso quiero que mañana Brasil le gane a Alemania. Que festejen los brasileños, que se emborrachen de fútbol y pinga, que aprovechen, total a la mañana siguiente los platos sucios los esperan igual.

Y que el domingo haya final entre hermanos.

Que la Copa se quede en una Sudamérica inexpugnable


06 julio 2014

Minuto 8

La diabólica multinacional FIFA sube diariamente a su web una buena dosis de imágenes de los partidos del Mundial. Nosotros se las venimos birlando sin pudor. La cosecha que hicimos del partido con Bélgica nos dejó de saldo esta buena serie del gol de Gonzalo Higuaín. Disfrutemos.  















Jugador al Cuadrado V. Argentina vs Bélgica

Por Lucas M. 



Romero: de a poco logrando la invisibilidad. Nos damos cuenta de que está Romero cuando hace un saque de arco o un rechazo ante el pase del compañero. Mérito suyo y de sus compañeros. Hoy tapó un tiro de afuera en el primer tiempo –dio un rebote peligroso- y descolgó un par de centros. La más difícil fue en el segundo tiempo, un buscapié belga es desviado por Garay con destino de autogol, pero “el uno” estaba bien plantado en el primer palo. Segundo partido con el cero en el arco propio. Un 7.


Zabaleta: jugando mejor con cada partido. Ayer se pudo ver la versión de Zabaleta que más se acerca al nivel que muestra habitualmente en el Manchester City. Firme en la marca y en la pierna, rápido para cortar y jugar con el compañero. Tuvo alguna proyección interesante, pero no fue ese su fuerte. Jugó sí con Messi, cuando este se tiraba a la derecha siempre aparecía Zabaleta para llevarse al marcador de punta. Le pedimos un centro-gol, una asistencia. Un 6 y ½.

Demichelis: el comeback de la fecha. Su regreso a la zaga central fue la mejor noticia de la defensa argentina, porque repercutió en todos. Se mostró aplomado, experimentado y tranquilo. Esa serenidad, que también se notó en las entrevistas posteriores, acompañada de la sonrisa –torcida
 de un tipo satisfecho le hizo muy bien a una defensa nerviosa e imprecisa que se contagió de las virtudes del ex jugador de River Plate. A su desempeño le vino bien que Argentina espere atrás los ataques belgas, sin dejarlo expuesto a algún cierre veloz o retroceso apurado. Un 7. 



Garay: cada vez más consolidado. Hizo su mejor partido en el Mundial. Casi sin errores en los cierres y mano a manos, sacó todo de cabeza y –aprovechando la presencia segura de Demichelis salió a cortar y anticipar a mitad de cancha, o a buscarlos a Fellaini u Origi y no falló. Cada vez mejor cuando barre a los contrarios. Le faltó esta vez la incursión ofensiva con algún cabezazo, la altura de los belgas le impidió prevalecer en al área contraria. Por suerte tiene dos partidos más para intentarlo. Un 7.

Basanta: empezamos a quererlo a José. Hizo un gran partido cerrando la banda izquierda sin transmitir duda ni inseguridad…en un partido de Cuartos de Final. Entregó sacrificio y entrega al rol que se le encomendó. Tuvo incluso algunas proyecciones y aunque quedó claro que no son su fuerte, no lo hizo mal. Celebramos su presencia en la lista. Contra Holanda volverá Rojo, pero nadie se olvidará de esto, José. Un 7.  



Biglia: lo pedíamos y no defraudó. Le comió el puesto a Gago haciendo todo lo que este venía haciendo pero mejor. Se movió por toda la cancha como auxilio de sus compañeros en la marca y para tocar y devolver un pase. Trabó, corrió, jugó. Sin miedo nunca. Quizás no tenga la elegancia y el potencial pase en profundidad de un mediocampista más técnico, pero aporta buena distribución y generosa entrega. Un 7.

Mascherano: el jugador que más merecía este pase a semifinales. Su festejo al final lo dice todo: descargó años de frustraciones en la selección en un grito y salto poderoso. Ayer jugó un partido tan bueno como contra Suiza, pero el mejor nivel de todos sus compañeros no lo hizo tan evidente. Excelente noticia. La presencia de Demichelis le evitó tener la responsabilidad de cuidar la espalda de Fernández, la de Biglia la de tener que estar atento a todas las marcas de la mitad de la cancha. Se dedicó entonces a ordenar al equipo, cada vez más DT dentro de la cancha. Un 8. 



Di María: irreemplazable. Comenzó haciendo un partido como contra Suiza: movedizo, picante, con tiros en las piernas de los contrarios. Era fácil presagiar cómo iba a terminar: metiendo un golazo. Pero se lesionó, Argentina y el Mundial se pierden a uno de los mejores jugadores del mundo. Sin Neymar y sin él las Semifinales son un poco menos interesantes. 



Lavezzi: aplauso para al asador. Marcó la izquierda como un experimentado volante, armó un buen tándem con Basanta, dejó un surco subiendo y bajando. Se lo vio mucho mejor que contra Suiza, más convencido del rol y el plan del entrenador. Claro, nos perdemos un Lavezzi que pueda desequilibrar arriba, meter un buen centro o gambetear y patear al arco. A pesar de esto, contra Bélgica Lavezzi dejó la sensación de que es capaz de hacer las dos cosas. Un 7.

Messi: un primer tiempo majestuoso, un segundo tiempo de sacrificio. Tres jugadas clave en los primeros 45: el rodeo para-aquí-para-allá ante Fellaini antes del gol argentino; la fabulosa asistencia a Di María en la jugada de la lesión; el control de pecho y la gambeta en medio metro cuadrado que generó la falta para el tiro libre. Maravilloso Messi. En el segundo tiempo sacrificó las piernas y el aire en presionar al arquero y a los defensores. Tuvo momentos de control de balón y tiempos con autoridad. También se lo vio extenuado, pero uno lo intuía agazapado para un golpe final. Lo tuvo, vaya si lo tuvo, pero no pudo ser. El precio que pagamos por pedirle que corra a todos y todas fue ese disparo que atajó Courtois y que en condiciones normales era gol cantado. Un 8. 



Higuaín: gracias. El gol más importante de la selección en 24 años tiene la firma del 9. Un gol de 9. Rebote, de primera, pum, adentro. “Yo, yo, yo”. Claro que sí Pipa. Todo tuyo. Creció con cada partido y cuando más le pedimos más respondió. Ayer hizo verdaderamente un partidazo. Jugó bien de espaldas, descargó bien con los compañeros y luego del gol ganó confianza para gambetear, aguantar la marca belga, generar faltas, tocar y buscar la descarga. En su momento de jugador alfa salió desde la mitad, metió un caño y encaró a Courtois, era un gol fabuloso pero se le fue apenas por arriba. Otra definición boicoteada por el desgaste de correr a todos. Me atrevo a decir que no vimos aún lo mejor de Higuaín. Un 9. 



Enzo Pérez: entró punzante y terminó consolidando la doble línea de cuatro. La pidió y la pisó, su primera acción en el partido. Nos entusiasmamos todos. Siguió teniendo actitud de pedirla y buscarla, pero controló sus efluvios ofensivos y otorgó menos de lo que puede hacer en ese plano. No se achicó. Un 6.

Palacio: no mostró ninguna virtud. No aguantó las pelotas, no corrió a los espacios, no se asoció con compañeros, no generó ningún peligro para los rivales, no marcó, no presionó con convicción, y se volvió a resbalar.

Gago: no puede jugar sólo 10 minutos. Su estilo de juego, de lenta entrada en ritmo, es inútil para los últimos diez minutos de un partido intenso. Lo demostró errando por lo menos un par de pases cuando la situación pedía seguridad. Tampoco tiene pique, gambeta o tiro al arco. Para 10 minutos me quedo con Maxi. Una muy buena: es quien le da el pase a Messi para la corrida del final. Imagino que Sabella se frota las manos pensando en un triple cinco contra Holanda.