Es común que se diga que las mudanzas están dentro de las actividades más estresantes para las personas. Se lo puede leer en notas pseudocientíficas o escuchar en alguna charla que involucre el tema mudanza. Según esos artículos de "salud mental", otras situaciones de alto voltaje emotivo son perder a un ser querido, perder el empleo o las separaciones o divorcios. Este Mundial diría que también lo son patear penales en instancias definitivas.
Podemos estar un poco de acuerdo en que es cierto, mudarse es fuerte: ordenar y filtrar lo acumulado, repasar en las pertenencias el camino recorrido, ordenar y embalar, limpiar el polvo, tirar basura (darse cuenta de cuanto nos gusta la basura), pedirle cajas al chino, pelearse con el chino, nunca calcular bien la cantidad de cinta necesaria, comprar más cinta, y no menos importante, despedirse de un espacio vital y proyectarse en uno nuevo. En suma, reflexionar sobre la vida y la muerte.
Entonces, mudarse genera tensión y nervios…
¿Más o menos tensión que durante el partido de Argentina con Holanda? ¿Más o menos nervios que jugarse el pase a la Final del puto Mundo por penales?
Después de 24 años, muchos como nosotros, una improbable franja de entre un poco menos de 30 y un poco más de 40 años (es importante en el periodismo aportar datos concretos y fehacientemente comprobados), están viviendo a elevada consciencia y emotividad el hecho de que Argentina vuelva a vivir una Final de Mundial como protagonistas. Y sucede en Brasil. Pinchate el brazo. Es así. Seis partidos pasaron para que esto suceda.
Las imágenes más épicas de otros Mundiales a-siete-partidos que proliferan en la TV e Internet, y que fueron intensificadas en los meses inmediatos y durante Brasil 2014, sumadas a una proyección optimista que se podía llegar hacer antes del comienzo del actual y a una afición desmedida por lo dramático nos llevó a hacer declaraciones del tipo: “hoy no soportaría una definición de Cuartos por penales como la del 90”, “me muero”, “este Mundial lo veo a base de barbitúricos”, “la Final no la veo”, "si perdemos me la corto", etc.
Hoy sabemos que ya sobrevivimos a un tiempo extra y penales en una Semifinal. Lo hicimos porque en Octavos tuvimos que esperar al minuto 117 (WTF!) para ganarle a Suiza y en Cuartos tuvimos 82 minutos de férrea defensa de la tempranera ventaja conseguida. Y llegamos a esa instancia porque en la zona de grupos nos fuimos preparando: jugamos el peor primer tiempo en lustros -¿no fueron esos 45 minutos el peor sufrimiento de todo el Mundial?-, le ganamos apenas a Irán en el minuto 92 y soportamos treinta minutos de un partido sin Messi.
“Vamos a sufrir”. Ahí sí que no hubo exageración anticipatoria. Sufrimos. Seis partidos seguidos sufrimos. Un poco más un poco menos, pero la sensación fue de “trabajar” los partidos. Los días entre cada uno de ellos entrenamos los nervios del próximo encuentro. Nos mancomunamos con los jugadores en su difícil tarea. Nosotros les tiramos el fardo, la presión de redimirnos (“No es un equipo, es un país”, reza el lema mundialista de nuestra selección), un poco tenemos que hacernos cargo. No iba a ser cosa que veamos un partido relajados. ¿Por qué íbamos a gozar de notables exhibiciones de fútbol ofensivo y lírico, de resultados holgados? No hubiese sido acorde con nuestra propia vida y país. Como dice el tango "Romero en flor": “primero hay que saber sufrir..."
No contentos con ello también nos involucramos con otros equipos, jugadores y naciones. No hay necesidad de sufrir con ellos pero lo hicimos. Con la definición de Brasil y Chile, la despedida de Uruguay, la derrota mexicana en el último minuto, con la aparente decadencia –sin pasar por la etapa de gloria- de los equipos africanos, con nobles jugadores que se retiran por la ventana como Pirlo y Buffon, con propuestas de buen fútbol como Inglaterra que se despiden sin triunfos.
Amamos los mundiales. Todo de ellos. Nos permiten armar pequeños fanatismos, odios, dramas y simpatías. Conocer banderas y nombres. Gritar casi todos los goles. Nos dan buen material para reciclar en los años venideros: chistes, chismes, historias, estadísticas, fotos, goles, jugadas y recuerdos. Si se tiene mucha suerte un poco de gloria y alegría. Esta vez (una vez más, hay que estar agradecidos) nos tocó a nosotros.
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| Demencia |
Exorcizamos al Diego del 94, perdonamos al Burrito del 98, abrazamos a Marcelo del 2002 y a José del 2006, nos amigamos con el Maradona DT –Romero, Demichelis, Mascherano, Di María, Messi, Higuaín fueron sus titulares- del 2010. Estas pesadas mochilas las cargaron los jugadores y los boludos como nosotros que se emocionan de verdad con el fútbol.
Todo esto tuvo su precio: tensión, nervios, pequeñas batallas domésticas-conyugales, contracturas y sufrimiento futbolero .
Entonces, a las comunes listas de las situaciones más estresantes le podríamos agregar la de llegar a la final del Mundial con un equipo que aprieta los resultados al mínimo.
Por suerte a nadie se le ocurriría armar una mudanza durante un mundial como este.
Menos que menos una persona que además no tiene trabajo.
No habría corazón y psiquis que aguante.
...no, no, nadie sería tan inconsciente.


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