03 julio 2014

Demorados

Por Cafeba
Con la colaboración de Laura Loureyro

Dicen que si no salís de tu casa no te pasa nada, como si de algo tan simple dependiera la inmortalidad. De lo que estoy seguro es que no hay que salir cuando se juega un mundial, y jamás, pero entendélo bien: jamás hay que salir cuando juega la selección en un mundial.

Yo salí, por eso sé de lo que hablo. Me fui un fin de semana en Buenos Aires, del viernes al martes: casamiento, cenas con amigos, pasear por Belgrano y volver a casa. Volver un martes de octavos de final, un martes en el que jugó Argentina.

El avión me había prometido devolverme a Bariloche a las 12.00, o sea: una miserable hora antes de que empezara el partido. Simples sesenta minutos como margen de error para no perderme el partido. Cuando supe la hora del vuelo de regreso debí quedarme en Bariloche, en casa, bien seguro. Porque cualquiera que haya tomado algunos aviones en su vida sabe que la regla es la demora y la excepción es la puntualidad. Pero fui irresponsable y salí.

Y debí quedarme en Buenos Aires cuando escuché sobre la neblina que había cerrado Ezeiza y tenía en jaque al Jorge Newbery. Pero de nuevo salí. Por segunda vez quebré la regla de oro del mundial: no salir.

La señora del check-in me dijo: el vuelo no está demorado, el problema está en Ezeiza, quédate tranquilo. Yo sabía que no podía confiar en esa mujer sobre maquillada que no debe diferenciar un lateral de un córner. Pero me dejé llevar por la escalera mecánica y subí al avión; ajusté el cinturón de seguridad; apagué el celular; puse vertical el respaldo de mi asiento y levanté la mesita rebatible que estaba frente a mí. Todo en tiempo récord, para que sin demoras y cegándome en Murphy y sus putas reglas el avión despegara a tiempo.

-"Les habla su capitán, acaban de cerrar el aeropuerto por la neblina, vamos a esperar que se disipe para despegar". Listo, entremos en pánico, esto es peor a que se desprendan esas mascaritas amarillas en pleno vuelo, esto no lo vivieron ni los que se quedaron en la isla de Lost. Una nueva tragedia aeronáutica. Y eso que yo no entiendo nada de meteorología, pero con haber visto un poco de cine de terror me sobran argumentos para sostener que la niebla no se disipa de un momento para el otro.

Así que me quedé sentado en el avión, entre brasileños que sueñan con ver la nieve y que les importa tres pitos Argentina y la Copa. Tan poco les importa que se fueron de Brasil durante el mundial. Qué gente horrible, se escaparon del mundial mientras el resto del mundo hace lo imposible por alcanzarlo. Estaba atrapado con esa gente y sus niños llorando a moco tendido, mientras pensaba en la ausencia total de elementos corto punzante que hay en un avión y en cómo haría MacGyver en esa situación para cortarse las bolas. Y los minutos se hicieron horas y los nervios se trasformaron en bronca y la bronca en odio y cuando despegó el avión, dos trágicas horas más tarde, entendí a todas las células terroristas del mundo, porque te juro que lo hubiese estrellado contra algo, porque ya nada tenía sentido y porque esos brasileros a los que nada les importa y prefieren la nieve al mundial se lo merecían.

Llegué para ver el alargue. No te perdiste nada, me dijeron. ¿Cómo que no me perdí nada? Ver entrar al equipo y creer que nada puede salir mal, ver el arranque del partido, sentir el optimismo del primer desborde o los nervios del primer tiro de esquina que cae en nuestra área chica. Mirá todo lo que me perdí. Putear al nueve porque está lento, al siete porque no mete un centro o al seis porque le ganan la espalda. Decirle "bien ahí" al cinco en cada quite o gritar un "dale, dale, vamos" con cada pelota que le cae al diez. No me digan que no me perdí nada, reduciendo un partido que esperé cuatro años al momento en que se hace el gol, a esa única jugada que van a repetir toda la semana como si fuera lo único que importa.

Una vez me vi un Rafaela-Olimpo entero, sin goles ni expulsados ¿Te pensás que me voy a conformar con un ratito de la selección en octavos de final?

No, yo no salgo más.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

HOla, una pregunta, y no había nadie en el avión con una radio o celular? O no se puede? no tengo ni idea como se maneja ese tema... hay conexión a internet en el aire? seguro que no, no?

muy buena la historia

Mariel

Laura dijo...

Mariel: Estuvimos todos conectadísimos mientras estábamos varados en Aeroparque, pero el partido empezó cuando ya estábamos en el aire. Y no, no hay conexión alguna mientras el avión está en viaje.
Igual te cuento que el capitán resultó ser bastante copado y cada vez que tomaba contacto con la Torre de Control, además de chequear las condiciones de las rutas aéreas y estado del vuelo, averiguaba como iba el partido y nos mantenía al tanto. Tuvimos suerte: era argentino, futbolero y estaba mas ansioso que nosotros.

Anónimo dijo...

MUY BUENA HISTORIA!