Por Lucas M.
América, Latinoamérica y Sudamérica son inexpugnables para los europeos...
Por lo menos en lo futbolístico... Está bien, al menos en lo que a mundiales se refiere. Sabemos que futbolísticamente hablando estamos colonizados por la forma europea de ver y organizar este deporte. Con nuestras costumbres y color local claro, pero lo que prima es la mirada puesta en Europa. Es ahí donde se van nuestros mejores talentos. Y ni siquiera eso, nuestros mejores proyectos de talentos. Tampoco conformes, cada vez más se llevan hasta nuestros proyectos de "baldoseros".
Los trotamundos del balón son atraídos por ligas ignotas como la Liga I (de Rumania) o la Liga Premier de Ucrania. O las segundas divisiones de estos países. El punto es que Europa se lleva lo mejor y lo menos malo de nuestro fútbol. Crean, con la invaluable colaboración de las dirigencias y clubes locales, asistidos por los grupos empresarios, los representantes, la prensa canalla y los hinchas apáticos, un círculo vicioso que despoja estas tierras de su fruto, dejándonos sólo la sequedad del terreno arrasado para a duras penas disfrutar un domingo (o sábado, o viernes, o lunes, o martes, o miércoles, o jueves).
¡Pero con los Mundiales no se jode!
Bah, también se jode. Habría que preguntarles a los habitantes de Belo Horizonte a los que se les cayó encima un pedazo de autopista. O a todos los trabajadores y estudiantes brasileños que protestan hace meses, años, en contra de los gastos que generó la organización de la Copa -y los futuros JJOO-. Fondos que, en su enorme mayoría, provienen de las arcas del Estado Federal brasileño. La FIFA y los sponsors (im)ponen las condiciones y a las naciones organizadoras no les queda otra que acatar. O sí. No hacer los mundiales. Sudáfrica fue otro caso de vergonzosa entrega de recursos a la multinacional. Recuerdo al estadio Soccer City, donde se jugó la Final, construido al lado de la precaria y gigantesca población conocida como Soweto. O el despropósito del Peter Mokaba en Polokwane, donde Argentina le ganó a Grecia con goles de Demichelis y Palermo, cuya capacidad podía albergar casi la tercera parte de la población de la ciudad.
Se entiende que organizar un Mundial es un gran desafío, hasta un orgullo, para una Nación. Demanda esfuerzos de todo tipo y, en determinados casos, puede redundar en beneficios concretos para la población local: reformas del transporte público, infraestructura vial, aeroportuaria, servicios públicos, fomento de la industrias turísticas, entre otras (estos son justamente los argumentos oficiales para avanzar con el proyecto). Sin embargo la inversión es infinitamente mayor a la necesaria para concretar tales avances, o la orientación de los fondos no responde a las necesidades de la población residente sino al maquillaje para las tres semanas en que tal o cual ciudad estará en el candelero global. Después del pitazo final el saldo deja cuentas públicas en rojo, elefantes blancos y, la más invisible, marcas de la represión y censura en los cuerpos discordantes.
Los datos hablan de Brasil 2014 como la Copa más cara de la historia. Alrededor de 11 mil millones de euros, cuando originalmente se pensaba gastar la cuarta parte. Similar fue la historia en Sudáfrica 2010. En Rusia 2018 y Qatar 2022, es fácil suponer, estos valores subirán hasta el cielo. Los mundiales en el Primer Mundo dejaron de ser negocio.
Los miles de afortunados que viajaron y se embriagaron en tierras brasileñas volverán a sus hogares con exóticas historias que serán la envidia de familia y amigos, la resaca la sufrirán quienes se quedan en las tierras de Pelé y Romario. Los millones de televidentes worldwide habrán gozado de un gran espectáculo: notables estadios y entornos, excelentes imágenes HD, el color de las camisetas y tribunas, buenos partidos, mejores goles. El costo de todo esto no los tocará en lo más mínimo. Aunque, el éxito descomunal del Circo da más argumentos al César de mantener intacto el status quo: la tajada siempre es para el mismo león. El resto come sobras, como nuestro fútbol de cada día.
El punto es que, como participantes -mas o menos pasivos- de este show, le debemos al menos gratitud al pueblo que, a costa de suplir de mejor manera ciertas necesidades estructurales, nos invitó a la casa y pagó el banquete. Es de buen gusto y mejores modales. Que yo sepa el Mundial no lo organizó Alemania ni lo pagaron ciudadanos alemanes. Y cuando viajamos a Brasil no nos piden Visa o Pasaporte, ni conozco muchos países que se refieran a nosotros como "hermanos".
Por eso quiero que mañana Brasil le gane a Alemania. Que festejen los brasileños, que se emborrachen de fútbol y pinga, que aprovechen, total a la mañana siguiente los platos sucios los esperan igual.
Y que el domingo haya final entre hermanos.
Que la Copa se quede en una Sudamérica inexpugnable
4 comentarios:
Hermoso.
No es en Alemania donde nos piden pasaporte?
Para mi le faltó un "no" antes de "nos piden visa", también dice Qatar 2018, pero no vamos a andar corrigiendo porque eso es de gorra
Buena nota, quiero final histórica el domingo!
Merfox y Mascia, ya están corregidos esos errores. Gracias.
Que bajón el final de la nota.. 24 hs después. Vale igual, muy bueno
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