18 junio 2014

Consumiendo Mundial


Por Rafael Fernando Martin

Hace unos días se supo que a la selección uruguaya se le confiscaron 40 kilos de dulce de leche y algunos hinchas vinculan la ausencia de este manjar con la falta de actitud mostrada por el equipo frente a Costa Rica. La historia nos demuestra lo contrario: que un estómago contento no siempre lleva a una selección contenta.

Previo al mundial de Suecia 58, un integrante del plantel argentino se quejó del tamaño de los churrascos en ese país, declarando frente a la prensa: "Estamos acostumbrados a churrascos más grandes, aca se comen bifes que automáticamente hacen que uno salga a la cancha a dar todo", por lo que la delegación llevó 120 kilos de carne.

Lamentablemente, en ese mundial Argentina perdió, como algunos recordarán, 3-1 contra Alemania y 6-1 contra Checoslovaquia en lo que se llamó "El desastre de Suecia".

Otro claro ejemplo sucedió en Alemania 74. A la selección de Zaire se le encontró en el equipaje 20 monos muertos. Cuando los empleados de la aduana le preguntaron el motivo de aquella carga, el director técnico, el macedonio Blagoje Vidinić, explicó: “El mono asado es un plato que los deleita y la carne de mono acá es muy difícil de conseguir”. Zaire se fue con 0 puntos y 0 goles, 2-0 contra Escocia, 9-0 vs Yugoslavia y 3-0 frente a Brasil.

A los que de algo les ayudó –perdieron en cuartos contra el local por penales– fue a Italia en Francia 98. Aprovechando la cercanía territorial, enviaron un camión cargado con, detallo: 1300 kilos de pasta, 300 kilos de parmesano, 500 tomates pelados envasados, 80 piernas de jamón crudo de 12 kilos cada una, 120 litros de aceite de oliva, 5000 litros de agua mineral, 400 litros de vino (y eso que en Francia no hay mal vino), 400 kilos de bizcochos, 100 de azúcar (¿era necesario?), 120 de harina (?) y 300 litros de jugo de naranja.

La alimentación seguro le dio una mano a la selección de Japón en el pasado mundial de Sudáfrica. El técnico nipón, al ver que deberían enfrentar a Camerún y a Dinamarca en ciudades con una altura superior a 1500 metros sobre el nivel del mar, muy distinta a la que sus futbolistas estaban acostumbrados, decidió, además de realizar los preparativos para el mundial en Valais (Suiza, 1800 metros sobre el nivel del mar), alimentarlos durante toda la estadía en la ciudad helvética con hígado de vaca en el desayuno, almuerzo y cena. Hígado frito, hervido, asado, molido, siempre hígado por su gran cantidad de hierro, que ayuda a la generación de hemoglobina, la encargada de transportar el oxigeno en  la sangre, clave para la resistencia de los atletas. Mal no les fue: pasaron de la primera fase ganándole a Camerún 1-0 y a Dinamarca 3-1, para luego quedar eliminada en octavos frente a la Paraguay de Ortigoza.

Es así, la alimentación fue, es y será importante en los mundiales, pero por el momento lo importante es que les devuelvan el dulce de leche a los hermanos uruguayos.

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