30 junio 2014

Después del Apocalipsis, las cucarachas y la radio

Por Lucas M.

Prendí la radio como en un ritual
pagano misterioso y futbolero
crucé los dedos una vez más
por los colores de mi amor
(Tabaré Cardozo)


Luego de ver casi la totalidad de los partidos de la etapa de Grupos con la comodidad del HD, en el comienzo de Octavos me esperaba un desafío. El sábado, las cosas de la vida y los amigos dirigieron mis pasos a una casa sin ningún tipo de conexión televisiva o a la red de redes. La TDA era una utopía. Se probó la opción de antena analógica pero la profusión de otro tipo de antenas hace casi imposible la correcta sintonización de algún canal de aire. No quedó otra que escuchar el crucial partido de Brasil y Chile por radio.

Por radio, sumado el complemento del WhatsApp. La aplicación para los nuevos celulares que permite mantener varias conversaciones paralelas al “aquí y ahora”. Esquizofrenia mediante, me di cuenta que, cuando los partidos se ven por la TV, el WhatsApp te quita escasos y preciosos segundos (que sumados harán algunos valiosos minutos) de atención a la pantalla. Contarlo parece tanto o más importante que verlo. En este Mundial se está imponiendo esta nueva forma de "vivirlo". Lo que en eventos pasados experimentaban los minoritarios usuarios intensivos de Twitter, ahora lo hacen todos los que utilicen un smartphone. Si hasta las tías tienen.

El WhatsApp entonces me ampliaba la información que brindaba la radio. Es muy difícil que, con la preeminencia de la hegemonía visual, un relator pueda dar cuenta del tránsito de un partido. Con el entrenamiento que tenemos en el consumo del producto futbolístico (tipo de encuadres, cámaras lentas, gestos y rostros de los protagonistas) la responsabilidad de reconstrucción del partido es nuestra. Imaginamos un partido como vemos la tele. Algo así como al leer El Señor de los Anillos e inevitablemente ponerle a Frodo la cara de Elijah Wood.

Ante el relato de un probable penal, alguien en WhatsApp aportaba la descripción de la jugada. Amigos desde Chile mandaban escuetas y nerviosas frases y/o onomatopeyas para transmitir estados: “hoy estoy peor que nunca”; “qué partido el de Chile, no lo puedo creer”; “Uuffffff”; “el árbitro es nuestro” (ante el gol anulado a Brasil); “me estoy muriendo”. Llegaban también mensajes de admiración y/o descripción: “lo de Bravo fue heroico”; “lo de Medel para emocionarse”; “Julio César llora”; “los brazucas tienen cara de cagados por la presión”; “los penales errados fueron muy mal pateados salvo el último que dio en el palo”. Por suerte uno tiene amigos futboleros que de esto entienden y mucho, una frase justa encierra un mundo de sentido, común, histórico, sensible.

Los penales. Por lejos la mejor acción de un partido para escuchar por radio. Son o no gol. “Pegó en el palo y entró”; “cruzado abajo”; “la colgó”; “el arquero adivinó el palo”; “la atajó”; “fuerte y al medio”; “al ángulo”; “la picó”, etc. Un repertorio casi fijo de frases y lugares comunes que dan cuenta con bastante precisión de lo sucedido.

Orto. Los brazucas lo tendrían en gran cantidad y tamaño.
“Increíble el orto de Brasil”; “estos ortudos ganan siempre aunque jueguen mal. Ganan el Mundial y no miro más fútbol”; “Brasil tiene orto en los Mundiales, pero después de este partido no asusta a nadie”. Otros mensajes que llegaron con el resultado final. La selección verdeamarelha es Miss Bum Bum 2014.

Lo que permitiría la radio es la integración con el ambiente. A diferencia del efecto hipnótico cual llamas de fuego de la televisión, la radio te permite estar más atento a lo que te rodea, aunque, por otro lado, para “sentir” el partido hay que pegar la oreja al transmisor. Lo que es seguro es que escuchando por radio uno no puede luego dar cuenta del partido o del desempeño de los jugadores. Inevitablemente cualquier observación comenzará con la frase “por lo que escuché en la radio…”. No se recomienda entonces para cronistas y tacticistas. Tampoco para sordos.

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