Por Lucas M.
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| Memo, a lo Banks |
Este 17 de junio mi abuelo Carlitos cumpliría 89 años. Murió el año pasado, un 13 de julio. Año 2013. Ese “13” fatídico le apareció a mi abuela, su esposa, en repetidas oportunidades, antes y después, en forma de ficha negra de Burako. Me lo contó hoy mientras veíamos el empate entre México y Brasil. Moma, mi abuela, se sorprendió con los reflejos del arquero azteca y destacaba que “los brasileros no van a ir trabajar durante todo el mes” porque vio todos los estadios llenos de camisetas amarillas. Mi abuela es hincha de Estudiantes de la Plata, no tanto por convencimiento sino por llevar la contra a la corriente general. Mi abuelo Carlitos era hincha de River, lo hizo hincha de River a mi viejo y él me hizo de River a mí. En una época fue bastante a la cancha, siempre contó que presenció a pocos metros la famosa mano velezana de Gallo que arruinó el título millonario en el 68. Más allá del gusto por el deporte del balón, su verdadera pasión estaba en “los burros”, el Turf, ese mundo era uno de sus hábitats naturales. Otro, las canchas de tenis, deporte que practicó con destreza campeona. En estos últimos años de mishiadura local, disfrutamos del Barcelona y la aparición de Messi. Su gusto estaba en el fútbol gambeteador, ofensivo y leal. No lo atraían las actitudes demagógicas (tampoco en política) de los “compadritos”: los Basile, los Maradonas; prefería a los “señores”: un Pekerman, un Valdano, un Chiche Sosa. Este 13 del 7 se cumplirá un año de su muerte y ese mismo día se disputará la final de la Copa, ojalá la juegue Argentina y las lágrimas de un año atrás muten en gritos de gol.
En la rama familiar de enfrente, Homero, mi abuelo materno,
estuvo vivo hasta mis nueve años. Era hincha de Racing Club y transmitió esos
colores a mi vieja, mi tía, mi hermana y uno de mis primos. Mi abuela, Loli, era fana de River
Plate, y ello me valía el mote muy cariñoso de “mi gallinita”. Homero
falleció en 1990. La mitología familiar asocia como causa primordial,
probablemente con razón, al sufrimiento vivido durante el mundial Italia 90. Y a
los puchos que prendía uno atrás de otro ¡Eso es lo que sucede cuando tu selección
juega siete partidos! Hay corazones, y más si son enormes como el de mi abuelo,
que no aguantan. Y no es necesario fumar para quedarse seco. Mi abuelo, de
bigote anchoíta, un estilo Héctor Cámpora, jugó básquet en sus años mozos, ese básquet
donde los lanzamientos eran con dos manos y desde abajo. Tomaba vino con soda
que recargaba el mismo, hacía excelentes asados y todos lo llamábamos "Memo".
Justo hoy, un 17 de junio, cumpleaños de mi abuelo Carlitos, el "Memo" Ochoa, arquero
de México, fue la figura excluyente de la jornada mundialista. Evitó con
tajadas monumentales el triunfo brasilero, una de ellas épica, ante un furioso cabezazo de Neymar. Así nos vamos acordando de nuestra vida.
Y después preguntan por qué el fútbol nos importa tanto.

2 comentarios:
Verdaderamente emocionante
Lucas carajo hiciste que me emocione en esta fría mañana de laburo intenso. Ya el dia no será el mismo, voy a acordarme de esta nota durante todo el dia. Muy, muy linda.
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