Desde que Maradona se retiró, el fútbol argentino está esperando encontrar no a su sucesor, sino a Diego mismo renacido. La llegada del Nuevo Maradona fue anunciada más veces que el Apocalipsis y el Mesías juntos.Con el retiro de Diego todavía fresco, durante el Sudamericano Sub-20 de 1995 –el primero que dirigió Pekerman–, la prensa deportiva insistía en que había en el plantel argentino un pibe que podía ser el Nuevo Maradona. Es posible que el propio Pekerman haya contribuido a inflar el globo.
La prometedora figura era Cristian Colusso, volante ofensivo surgido en Rosario Central. No les voy a contar qué fue de su carrera. El hecho de que no lo recuerden habla por sí solo. (Para más datos, vean el reporte de En Una Baldosa).
Otros tuvieron que ponerse la pilcha del Diego en la Selección Mayor. Uno fue Marcelo Espina, el primer diez que puso en cancha Passarella como seleccionador nacional. También le tocó a un Marcelo Gallardo demasiado joven.
Ortega y Riquelme la llevaron con mucha dignidad, pero no eran zurdos, tenían una habilidad diferente, otro tipo de gambeta, no alimentaban las comparaciones con Maradona. Podían ser sucesores, no reencarnaciones.
Hasta que apareció este pibito zurdo, medio petiso, gambeteador hasta lo imposible. No daba mucho el physique du rôle, pero una obsesión no puede detenerse en esos detalles: era el primero que reunía condiciones naturales comparables a las de Diego. Ya fue: era el Diego renacido.
Hasta ahí la parte religiosa del asunto. Julio Grondona es, como todos sabemos, un hombre de fe. Todo pasa. Pero Carlos Salvador Bilardo es un hombre de ciencia y no podía dejar el asunto en manos de ningún dios.
| Mahoney |
La idea base del megaproyecto de Mengele, relatado por Ira Levin en su novela, era que si a un pibe con la genética exacta de Hitler –un clon– se le daba una crianza idéntica a la de Hitler, el resultado tenía que ser el mismo Hitler. O un Hitler bis, al menos.
Perdón por decir tantas veces Hitler, sé que es la peor palabra del mundo y hay lectores sensibles. A propósito, miren esta escena de la serie 30 Rock en la que deben elegir el nombre de fantasía para un producto y, ante la falta de ideas, intentan que lo decida el azar.
Entonces estábamos en que el fútbol argentino había encontrado a la reencarnación de Maradona y que un hombre de ciencia como Bilardo no podía dejar todo en manos de ningún dios.
Los cerebros de la AFA pusieron en marcha el plan Convirtamos a Messi en Maradona para volver a ser campeones como en el 86. Así está rotulada una carpeta que se guarda en la calle Viamonte bajo siete llaves –tres las tiene Grondona, dos Bilardo, una Noray Nakis y otra Cherquis Bialo.
El manual de Mengele diría que para convertir a Leo en Maradona había que hacerlo pasar por experiencias maradonianas: en una villa nacer, por deseo de Dios, crecer y sobrevivir a la humilde expresión. Enfrentar la adversidad con afán de ganarse a cada paso la vida. En un potrero forjar una zurda inmortal con experiencia sedienta ambición de llegar. De cebollita soñar con jugar un mundial y consagrarse en Primera.
De esta manera se podría forjar su carácter hasta convertirlo en un enano prepotente, ordinario y afecto a la cocaína. (Quiero aclarar que amo a Diego Armando Maradona y todo esto lo digo a modo de elogio).
Pero cuando el proyecto se puso en marcha, Messi ya tenía por lo menos 23 años y era demasiado tarde para hacer cumplir la mayoría de estas condiciones. Su personalidad estaba bastante definida y no iba en la dirección deseada.
Entonces se optó por forzar un poco el plan. Todo lo que debía suceder como consecuencia de la formación, el talento y el carácter del Nuevo Maradona, se haría suceder a la fuerza: démosle la 10, hagámoslo capitán, convirtámoslo en el líder del grupo y que nos lleve a la gloria eterna.
Hasta cierto punto pareció funcionar, porque está claro que Messi es el dueño natural de la 10, nadie mejor que él para llevarla. Pero Mengele diría que Diego se hizo capitán por su carácter y personalidad, mientras que a Leo lo hicieron capitán para forjarle el carácter y la personalidad.
El siniestro plan de Bilardo cuenta con la complicidad de la prensa, que planta la idea del Nuevo Maradona en el terreno fértil de la ilusión futbolera popular.
Así es que hoy vemos a miles de energúmenos pidiéndole a Leo que reaccione ante la adversidad como lo haría Diego –o Tévez, que es la otra mitad de Maradona, la que no tiene Messi. Porque Messi+Tévez=Maradona.
Para repetir el éxito del 86, los cerebros de la AFA intentaron repetir la fórmula de aquella gesta. Eso implicaba forzar a Messi a ser uno que no es, desconocer sus características y meterlo a la fuerza en un modelo de líder en el que no encaja.
En lugar de liberarlo de cargas, para que esté feliz y juegue a su gusto, le llenaron la cabeza con responsabilidades que no tiene por qué asumir.
Como si no fuera suficiente con ser el mejor, además se le pide que levante al equipo en momentos de bajón. Es al revés. Cuando las cosas no salen, Messi es el primero que se deprime. Es el equipo el que debería levantarlo a él.
El único que entiende esto es Mascherano, que lo cuida como a un hermano menor, le habla durante el partido y lo alienta. Se nota en cada declaración, cada nota, cada vez que habla sobre él. Por algo es quien nos señala el camino desde el encabezado de este blog.
Es hora de asumir que no habrá Nuevo Maradona. El plan del satánico doctor Bilardo es un obstáculo que nos aleja de la Copa Mundial porque atenta contra la tranquilidad y la felicidad del mejor jugador del equipo –y del mundo.
Déjenlo ser Messi, que ya es bastante, y van a ver.
3 comentarios:
excelente!
El otro día en una noche particularmente sensible pensaba en lo grande que hay que ser para ceder la cinta de capitán de la selección aún sabiéndose capitán y me puse a llorar de la emoción. Aclaré que estaba sensible
Te entiendo. Yo lloro cada vez que recuerdo que Mascherano se llama Javier.
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