16 junio 2014

Me equivoqué y cambié

Por Lucas M.

Es muy difícil hablar de este partido sin caer en alguna postura injusta. En la previa la idea de los cinco defensores despertaba el grito iracundo: “cagón”. No había otra. Las buenas señales de Argentina en estos últimos dos años no vinieron de la mano de la fórmula ultra defensiva sino de los tres de punta. Pero luego, en una mirada humana de la cuestión, realista, al ver que uno está sentado cómodamente en su sillón dice: “ojo, hay que darle la derecha al DT, él es el que sabe”. No es necesario plantar el mejor equipo de entrada, Higuaín no jugó los amistosos previos, hay que ver con qué sale Bosnia, etc. El intento de autoconvencerse. El Mundial está áspero. Todos juegan. Sabella puede tener razón. Así quizás lo entendieron también los jugadores que tienen voz y voto. Y le dieron crédito al entrenador. Un tiempo. Un primer tiempo que le dio parcialmente la razón al DT. Gol en contra de entrada (la peina Rojo, sino no entra). Atajada notable de Romero ante un cabezazo, luego de un par de salidas algo endebles. El primer tirito al arco fue a los 30 minutos. Uno a cero arriba jugando el peor fútbol desde la derrota con Venezuela por las Eliminatorias. Bilardo firma igual. Pero en los últimos quince Messi no tocó la pelota. Casi que no quiso ir a buscarla. Pareció un mensaje a Sabella. 

Gritalo 
Pagaríamos fortuna por saber qué se dijo, cómo y quién, en ese vestuario del entretiempo. Quizás algo como: “Bueno, Alejandro, ya probamos su método un tiempo y la verdad…una cagada, qué quiere que le digamos. Mejor volvemos a como nos gusta a nosotros y después, contra Alemania por ejemplo, vamos viendo”. Los jugadores expresaron después del partido (y Messi lo ha dicho en otras oportunidades) que ésta es la manera que prefieren para jugar. Sabella aceptó que se equivocó o que era necesario un cambio, una buena señal de que el tipo sabe escuchar. De esta manera se produjo algo muy difícil de ver en el fútbol moderno: dos cambios de entrada, sacar un defensor, meter un delantero… ¡ganando! ¿Toda esta situación habrá sido tan evidente para el espectador neutral?

¡Mamita!
 El segundo tiempo le dio parcialmente la razón a los jugadores. Argentina mejoró, tocó mejor la pelota y Gago tuvo mucha responsabilidad en ello. Pero también Bosnia llegó con mayor claridad. Después del gran gol de Messi (enorme gol, por el toque de Higuaín, la corrida, la última finta –cómo salta la pierna del bosnio, un bailarín, un mago) pasaron cinco minutos de algarabía futbolística: “ahora sí viene la goleada”, pensó medio país. Pero los goles no llegaron. Y sí llegaron las imprecisiones y errores del “Big Four”, aquellos donde depositamos todas nuestras esperanzas mundialistas. Pases débiles, gambetas cortas, gambetas largas, chutazos a cualquier lado, pase cuando era gambeta, gambeta cuando era pase, arriesgar en vez de conservar, conservar cuando era ir a más. El abanico de infortunios fue amplio. Y con cada bocanada de aire que lograba rescatar Bosnia crecía. Llegaba tocando, tranquilos, desbordaban por derecha, echaban centros, pateaban al arco. Mascherano pidió ayuda a sus compañeros y al banco de suplentes. La asistencia pareció llegar algo tarde. Bosnia descontó. Un poco parece comerse el gol Fernández, otro poco Romero. Se pareció al tercero de Costa Rica con Uruguay. Una jugada que habrá que ver desde su gestación para comprender mejor el error defensivo. Quedó como última imagen significativa, un contragolpe rabioso comandado por Di María, cuando parecía que ya no tenía más nafta, que se frustró rápidamente cuando este intentó un pase a media altura, sin fuerza, velocidad ni intención. No había más nafta nomás. A recargar los tanques que el sábado próximo, ante el rival más débil del grupo, será una buena oportunidad para reafirmar el modelo escogido por los jugadores para ganar en el Copa del Mundo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me vine de ilCorvino, muy bueno el blog gente

Lo Mascherano dijo...

Muy amable. Vuelva pronto.

Anónimo dijo...

YA VOLVI NO SUBIERON NADA NUEVO

Javier Asioli dijo...

¡Volvé da volver!